ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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6/6/11

Asedio al Alcázar - 24 de agosto de 1936










La estatua de Carlos V encadenado quedó, sorprendentemente, intacta en el centro del patio del Alcázar en ruinas.

Nº 29.- Lunes, 24 de agosto de 1936.

Continuaron ayer los comentarios y la lectura de los periódicos, y en todos una firme esperanza del triunfo y un recrudecimiento del buen ánimo de todos para seguir luchando, a trueque de los mayores sacrificios, hasta la victoria definitiva. La comida se vió reforzada con elementos de los traídos por avión.
Las cartas del invicto y glorioso general Franco fueron leídas, releídas, admiradas y hasta besadas.
Los «chupinazos» de 15.5 cm. y de la aviación reforzaron la moral de los que los sufrieron, y la indignación llega al «summum» al comprobar los destrozos de esa joya de arte que era nuestra fachada Norte. De aquí en adelante servirá además para testimoniar para siempre ante el mundo civilizado el grado de salvajismo y barbarie de nuestros enemigos.

Notas gratas.-
A los guardias civiles del puesto de Dos Barrios que entregaron para los niños parte de las sardinas que les correspondieron como extraordinario de la comida a que antes se ha aludido, les felicitamos efusivamente desde este periódico por el rasgo, que por sí solo se alaba, a la vez que les comunicamos llegaron a poder de los destinatarios.

Ordenes de la Comandancia militar.-
Cuando se presente un avión, nadie debe salir al patio, aún cuando dicho avión sea de los nuestros, pues el hecho de verse gente en aquél coarta al aviador para arrojar paquetes, mensajes, etc., por el peligro que entraña para nosotros.
Todo el mundo está en la obligación sagrada de entregar en la Oficina de Mando, sin abrirlos, cuantos mensajes o paquetes envíen nuestros aviadores. El abrir los tubos de mensajes para enterarse de su contenido entraña el mismo delito que la violación de correspondencia.

- El Coronel comandante militar, J. Moscardó. Está el sello de la Comandancia.- Toledo,

23 de agosto de 1936.

Artículo 1º Por si ofreciese peligro de derrumbamiento, a causa de la acumulación de escombros sobre el piso de la compañía del frente Norte, se prohibe la entrada en la Sala de Villamartín. La compañía de la Guardia civil que guarnece dicho frente será la encargada del cumplimiento de esta orden.

Art. 2º Las palas y picos que circunstancialmente se empleen en cualquier obra serán devueltos en cuanto terminen aquéllas al Depósito del Material, de donde habrán sido sacadas por medio de vales, para evitar que queden abandonados y no se pueda disponer de ellos en un momento dado.

Art. 3º Se cita como distinguidos a los tenientes de Artillería y cornetín de órdenes Eugenio Aguado, por su conducta durante el cañoneo de los últimos días, ya que en su puesto de la fachada Norte, como observadores de las baterías y aviación enemiga, anuncian oportunamente el principio de fuego y llegada de cada granada, dando tiempo a que todos se pongan a cubierto.

Art. 4º Se citan como distinguidos a los guardias civiles de la 4ª Compañía Mateo Cembellín Ruano, Olegario Suela Martín y Fausto Jiménez Cuartero, que permanecieron en sus puestos, batidos por fuego de artillería y aviación, haciendo fuego de ametralladora durante el bombardeo de ayer, día 23, demostrando serenidad y valor.

Art. 5º En la mañana de ayer, prestando servicio en la Puerta de Hierro, fué herido el guardia civil don José Pérez Serrano, que murió a los pocos momentos de entrar en la enfermería.
Desde que cayó herido hasta que expiró no cesó de manifestar su amor a España y a nuestra causa, demostrando su orgullo por haber caído en su defensa, animando a los compañeros y dando muestras de fe religiosa, entereza y patriotismo, que debe animarnos a todos.
No olvidemos la muerte ejemplar de este verdadero héroe y que nos conforte si alguien sintiese flaquear su espíritu.

- El Coronel comandante militar, J. Moscardó.- Está el sello de la Comandancia.- Toledo,

24 de agosto de 1936.

HECHOS RELACIONADOS


Franco

DISCURSO DE FRANCO A LOS CADETES DE LA ACADEMIA MILITAR DE ZARAGOZA.
El 14 de junio de 1931, con motivo del cierre de la Academia.



Caballeros cadetes: Quisiera celebrar este acto de despedida con la solemnidad de los años anteriores, en que, a los acordes del Himno Nacional, sacásemos por última vez nuestra bandera y, como ayer, besarais sus ricos tafetanes, recorriendo vuestros cuerpos el escalofrío de la emoción y nublándose vuestros ojos al conjuro de las glorias por ella encarnadas; pero la falta de bandera oficial limita nuestra fiesta a estos sentidos momentos en que, al haceros objeto de nuestra despedida, recibáis en lección de moral militar mis últimos consejos.

Tres años lleva de vida la Academia General Militar, y su esplendoroso sol se acerca ya al ocaso. Años que vivimos a vuestro lado educándoos e instruyéndoos y pretendiendo forjar para España el más competente y virtuoso plantel de oficiales que nación alguna lograra poseer.

Intimas satisfacciones recogimos en nuestro espinoso camino cuando los más capacitados técnicos extranjeros prodigaron calurosos elogios a nuestra obra, estudiando y aplaudiendo nuestros sistemas y señalándolos como modelo entre las instituciones modernas de la enseñanza militar. Satisfacciones íntimas que a España ofrecemos, orgullosos de nuestra obra y convencidos de sus más óptimos frutos.

Estudiamos nuestro Ejército, sus vicios y sus virtudes, y corrigiendo aquellos, hemos de acrecentado éstas al compás que marcábamos una verdadera evolución en procedimientos y sistemas. Así vimos sucumbir los libros de texto, rígidos y arcaicos, ante el empuje de un profesorado moderno, consciente de su misión y reñido con tan bastardos intereses.

Las novatadas, antiguo vicio de Academias y cuarteles, se desconocieron ante vuestra comprensión y noble hidalguía.

Las enfermedades venéreas, que un día aprisionaron, rebajándolas, a nuestras juventudes, no hicieron su aparición en este cuerpo, por la acción vigilante y adecuada profilaxis.

La instrucción física y los diarios ejercicios en el campo os prepararon militarmente, dando a vuestros cuerpos aspecto de atletas y desterrando de los cuadros militares al oficial sietemesino y enteco. Los exámenes de ingreso, automáticos y anónimos, antes campo abonado de intrigas e influencias, no fueron bastardeados por la recomendación y el favor, y hoy podéis enorgulleceros de vuestro progreso, sin que os sonrojen los viejos y caducos procedimientos anteriores.

Revolución profunda en la enseñanza militar, que había de llevar como forzado corolario la intriga y la pasión de quienes encontraban granjería en el mantenimiento de tan perniciosos sistemas.

Nuestro Decálogo del Cadete recogió de nuestras sabias Ordenanzas lo más puro y florido, para ofrecéroslo como credo indispensable que prendiese vuestra vida, y en estos tiempos en que la caballerosidad y la hidalguía sufren constantes eclipses, hemos procurado afianzar nuestra fe de caballeros manteniendo entre vosotros una elevada espiritualidad.

Por ello, en estos momentos, cuando las reformas y nuevas orientaciones militares cierran las puertas de este centro, hemos de elevarnos y sobreponernos, acallando el interno dolor por la desaparición de nuestra obra, pensando con altruismo: se deshace la máquina, pero la obra queda; nuestra obra sois vosotros, los 720 oficiales que mañana vais a estar en contacto con el soldado, los que los vais a cuidar y a dirigir, los que, constituyendo un gran núcleo del Ejército profesional, habéis de ser, sin duda, paladines de la lealtad, la caballerosidad, la disciplina, el cumplimiento del deber y el espíritu de sacrificio por la Patria, cualidades todas inherentes al verdadero soldado, entre las que destaca como puesto principal la disciplina, esa excelsa virtud indispensable a la vida de los ejércitos y que estáis obligados a cuidar como la más preciada de vuestras prendas.

¡Disciplina!..., nunca buen definida y comprendida. ¡Disciplina!..., que no encierra mérito cuando la condición del mando nos es grata y llevadera. ¡Disciplina!..., que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía, o cuando la arbitrariedad o el error van unidos a la acción del mando. Esta es la disciplina que os inculcamos, esta es la disciplina que practicamos. Este es el ejemplo que os ofrecemos.

Elevar siempre los pensamientos hacia la Patria y a ella sacrificarle todo, que si cabe opción y libre albedrío al sencillo ciudadano, no la tienen quienes reciben el sagrado depósito de las armas de la nación, y a su servicio han de sacrificar todos sus actos.

Yo deseo que este compañerismo nacido en estos primeros tiempos de la vida militar, pasados juntos, perdure al correr de los años, y que nuestro amor a las armas de adopción tenga siempre por norte el bien de la Patria y la consideración y el mutuo afecto entre los compañeros del Ejército. Que si en la guerra habéis de necesitaros, es indispensable que en la paz hayáis aprendido a comprenderos y estimaros. Compañerismo que lleva en sí el socorro al camarada en desgracia, la alegría por su progreso, el aplauso al que destaca y la energía también con el descarriado o el perdido, pues vuestros generosos sentimientos han de tener como valladar el alto concepto del honor, y de este modo evitaréis que los que un día y otro delinquieron abusando de la benevolencia, que es complicidad de sus compañeros, mañana, encumbrados por un azar, puedan ser en el Ejército ejemplo pernicioso de inmoralidad e injusticia.

Concepto del honor que no es exclusivo de un Regimiento, Arma o Cuerpo; que es patrimonio del Ejército y se sujeta a las reglas tradicionales de la caballerosidad y la hidalguía, pecando gravemente quien crea velar por el buen nombre de su Cuerpo arrojando a otro lo que en el suyo no sirvió.

Achaque este que, por lo frecuente, no debo silenciar, ya que no nos queda el mañana para aconsejaros.

No puedo deciros, como antes, que aquí dejáis vuestro solar, pues hoy desaparece; pero sí puedo aseguraros que, repartidos por España, lo lleváis en vuestros corazones, y que en vuestra acción futura ponemos nuestras esperanzas e ilusiones; que cuando al correr de los años blanqueen vuestras sienes y vuestra competencia profesional os haga maestros, habréis de apreciar lo grande y elevado de nuestra situación: entonces, vuestro recuerdo y sereno juicio ha de ser nuestra más preciada recompensa.

Sintamos hoy al despediros la satisfacción del deber cumplido y unamos nuestros sentimientos y anhelos por la grandeza de la Patria gritando juntos: “¡Viva España!”.


José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de Caballería

2 comentarios:

Antonio Ferratges dijo...

Me acuerdo perfectamente;
Ese discurso lo tenía mi padre enmarcado en su despacho de la 2ª SEM en la DGGC.

Javier de la Uz dijo...

Sereno y recio discurso dedicado a las Caballeros Cadetes de la AGM, conociendo los planes políticos de su eminente cierre y pudiendo aplicarse en nuestros días al resto del Ejército y Sociedad actual.
El General, despidiéndose dice que: “se deshace la máquina, pero la obra queda.”
Hoy se puede afirmar: “que se quitó la estatua ecuestre, pero su obra queda”, como la Academia Militar más prestigiosa de Europa en su época y hasta ayer (a partir de mañana no se sabe), seguía gozando del mismo prestigio.
Debemos estar orgullosos del General primer Director y Fundador de la AGM, por su dedicación exclusiva a modernizar y reformar la formación de los Cadetes, transmitiendo altos valores morales y militares a los futuros Oficiales, que estos más tarde, han sabido inculcar al resto de Oficiales, Suboficiales y Tropa del Ejército de Tierra.