ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
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10/5/11

Asedio al Alcázar - 14 de agosto de 1936









Interior del Alcázar


Nº 19.- Viernes, 14 de agosto de 1936.

Ayer volvieron a obsequiarnos con «chupinazos» de artillería, coincidiendo con las horas de las comidas, y reiteraron la fiesta durante la noche. Los efectos sobre el Alcázar y su guarnición, providencialmente nulos. Sobre la población mártir una nueva serie de incendios, testimonio del salvajismo y de la inhumanidad de nuestros enemigos.
Ayer, nuevamente la 34 Compañía del benemérito Cuerpo de la Guardia civil hizo un delicado donativo para los heridos y enfermos, que fué comentado por cuantos tuvieron conocimiento con aplauso y elogios merecidísimos.

Pérdidas.-

De una cadena de reloj, de plata, propiedad del teniente Carreño.
De una pistola «Star», número 13.961, con cargador y cordón. Una navaja barbera.
Orden de la Comandancia militar del día 14 de agosto de 1936.

Se recuerda de nuevo la prohibición de salir aisladamente y sin permiso del Mando, efectuar registros en las casas y lugares fuera del recinto que guarnecen nuestras fuerzas, y se previene, además, que peligra la vida del que lo intente, ya que en todos los probables puntos de salida que pudieran ser posibles puntos de acceso para el enemigo han sido colocadas defensas para impedirlo.
Esta orden se leerá a todas las fuerzas en el momento de ser distribuída la primera comida de hoy, dándose a la misma la mayor publicidad.

El Coronel comandante militar, Moscardó.
 
HECHOS RELACIONADOS
 
 

Martina Ramos Albarrán. Catedrática Jubilada de Instituto

Yo era una niña de 12 años. Mi padre era sargento de la Guardia Civil y estaba destinado en Ajofrín, donde habíamos vivido hasta entonces. Los concentraron en Toledo, y mi madre y las cuatro hermanas que éramos nos vinimos con él.
Lo más triste y tétrico que recuerdo fue cuando hubo una misa en los sótanos. Vino el padre Camarasa y dio la absolución a todos. Yo no he visto nunca llorar a los hombres como entonces. ¡Qué pánico! Yo tuve una pena horrorosa porque vi llorar a mi padre, que no le había visto llorar en mi vida. Allí lloraban todos. Y la gente quedó muy descontenta con el padre Camarasa porque, en vez de animarles, les dijo: «No seáis insensatos, aquí sólo os queda morir». Total, que nos dio la absolución. In articulo mortis, yo creo.
El padre Camarasa había venido también para sacar a las mujeres y los niños porque se suponía que iban a destruir el Alcázar y nos iban a eliminar a todos. Entonces alguno de los jefes le dijo: «Consulte usted si se quieren marchar». Y nadie se quiso marchar. Pensábamos que íbamos a morir, pero no pensamos nunca en la rendición.
Después estaba el pánico de la perforadora para la mina que iban a poner. La oíamos por las noches. Había un cabo que había sido minero y que estaba perfectamente enterado de hasta donde llegaban cada día. Y nosotros, cuando empezaba la tierra a retemblar, nos asustábamos mucho: «Que vienen, que ya vienen», pensábamos.
Eso, y lo que sucedía por las noches, los altavoces desde las trincheras, que nos gritaban: «Los del Alcázar, vais a ver a Franco con las orejas cortadas!» o «¡alcazareños, mañana os vais a ver colgados de los...!». A mí, la perforadora y oír esas voces por las noches era lo que más pánico me daba. Yo me tapaba los oídos para no escucharles.
Y, efectivamente, lo de la mina pasó. Fue un ruido... fue algo... de verdad... fue espantoso. ¡Y polvo, polvo, polvo...! No podíamos ver, teníamos la lengua pegada al paladar, decían que era de la trilita, con un sabor tremendo. Uno de los jefes se abrazó a otro y dijo: «¡La famosa mina, estamos a salvo!», porque no había matado a ninguno de los niños ni de las mujeres. De los defensores sí, la mina mató a 10 ó 12, entre ellos el cabo minero, al que todo el mundo tenía un cariño enorme.
Pero nos quedamos entre los dos fuegos porque, inmediatamente después de la explosión de la mina, asaltaron el Alcázar. Llegaron a entrar y a poner una bandera roja en lo alto de los escombros. Pero los nuestros rápidamente se la quitaron. y seguían bombardeando y atacando. Los bombardeos eran tan fuertes y tan seguidos que mi madre cuenta que yo estaba tan aterrada que le decía llorando: «¿Por qué no nos habrá matado la mina?». Tuvimos unos cuantos días de no descansar, de bombardeos, dándole, dándole... Una vez hirieron a mi padre. Llegó con la guerrera totalmente ensangrentada. Y al cabo de pocos días bajó donde estábamos y le dijo a mi madre: «Me duele mucho, parece que se me ha infectado». Mi madre le quitó la guerrera y el vendaje ¡y le salían de las heridas gusanos enormes, como espaguetis! ¡Se le habían pudrido las heridas!
Y pasábamos hambre. Nos daban un pan hecho con trigo machacado con un molino muy rudimentario que movían con el motor de una moto. Y no sé si le ponían grasa de caballo o qué para unirlo ¡A nosotros nos sabía ideal! No tenía sal pero era lo único que comíamos. Eso y trigo machacado y cocido con carne de caballo. Una vez pasaron unos aviones muy bajos, y nos tiraron unas octavillas. Eran los aviones de Franco, diciendo que resistiésemos. y a los pocos días volvieron y nos tiraron unos fardos con comida. Se hizo polvo mucha parte, pero bueno, tocamos cada uno a una cucharada, no sé si era chocolate y sardinas mezcladas. Pero, ¿tú sabes el gusto que me daba que me repitieran las sardinas? A mí, que antes me daban asco las cosas que repetían, me parecía una maravilla aquello. Cuando ya salimos de allí no queríamos comer comida de fuera. Nos dieron una paella y ¡no queríamos comer paella porque era un sabor tan fuerte...! Claro, estuvimos 72 días comiendo sólo trigo con agua y sin sal, pues todo lo que tenía condimento era horrible.
¡Dicen que no hubo conferencia de Moscardó! Pues yo recuerdo a Gloria Eymar bajar las escaleras del sótano descompuesta, diciéndonos: «¡Qué horror, ha dicho Moscardó que maten a Luis, que pueden matar a Luis!».
Lo primero que vimos cuando se liberó el Alcázar fue a un legionario que entró en el sótano gritando: «¡Viva España!». Pero, cómo sería de repelente el olor que teníamos, ¡que el legionario se mareó! Y recuerdo otra cosa: supongo que las letrinas se pondrían en seguida a tope y la gente salía a hacer sus necesidades a una zona cercana a uno de los torreones. Era un sitio lleno de malos olores. Y, fíjate, cuando liberaron el Alcázar y salimos fuera, al pasar por allí ya no olía mal. Me acerqué y, qué curioso, ¿sabes que había? ¡Un enorme campo de trigo! Como comíamos sólo eso, ¡había nacido el trigo! Parecía un milagro.

Jose V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de Caballería

3 comentarios:

Chevi Sr. dijo...

"Pensábamos que íbamos a morir, pero no pensamos nunca en la rendición".
El testimonio de Dña.Martina Ramos es para darselo al que le dieron una leche de pequeño y dice que tiene un trauma; y al Psicólogo que le comprende a 80€ la hora.

Javier de la Uz dijo...

La última vez que fui a Toledo, no pude enseñar el Alcázar por dentro a mis hijas, por estar cerrado al público con obras del nuevo Museo del Ejército.
Se quedaron con las ganas, pero yo les fui contando durante el viaje de vuelta, lo allí ocurrido durante el asedio y la de hombres, mujeres y niños que lo vivieron.
P.D.: La Historia verdadera se tiene que mamar en casa.

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

¡Claro que si Javier!.De no ser así, nuestros hijos, la España del futuro, estará engañada por la mas absoluta mentira que intenta ensuciar nuestra Historia. A estos viles gobernantes que padecemos, no les debemos dejar que manipulen, al mas puro estilo bananerocomunista, a nuestra juventud. Y eso, depende mucho de nosotros.
¡Que te voy a contar a tí!