ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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15/4/11

FRANK SINATRA Y LA POLICÍA ARMADA

FRANK SINATRA Y LA POLICÍA ARMADA
En una fecha que mi memoria no puede precisar, pero que habría de situarse entre los años finales de la década de los sesenta o los del comienzo de la siguiente década, del pasado siglo, el afamado cantante estadounidense, Frank Sinatra, hizo un tour por Europa; me lo ha recordado ahora una noticia captada involuntariamente al vuelo en TV. Al parecer, se trataba de una promoción propagandística previa a la puesta en venta de una destacada serie discográfica suya; y el tour tenía que ser lo más sonado posible.

De aquel tour, tuve yo la primera noticia cuando en un telediario vi la retransmisión de la llegada a Paris del cantante y su equipo. Mi asombro no me permitía creer lo que estaba viendo, un Frank exultante, imperioso, autodivinizado, que saludaba espectacular y catetamente a una masa de fans enloquecidas que no cesaban de desmayarse y de recuperarse enseguida del desmayo para volver a estar enloquecidas y volver a desmayarse para salir más veces en la tele, mientras un numeroso grupo de guardaespaldas de gimnasio culturista les zurraban la badana a los gendarmes del servicio aduanero del aeropuerto, que pretendían que el Frank pasase la inspección de equipajes como lo hacían los simples mortales. Los gendarmes rodaban por el suelo por un lado y sus quepis rodaban por otro lado, y llegó un momento en el que hasta los gorilas guardaespaldas, sugestionados, debieron creerse que cada uno de ellos era el mismísimo Frank, puesto que se veía algunos de ellos, con un pie encima del montón de gendarmes abatidos, remedando los incesantes y esperpénticos saludos de su jefe a las "afisionás".

Policía Armada
Yo sufría una monumental y no antes imaginada vergüenza ajena por lo que les ocurría a nuestros siempre amados vecinos franceses (cuyos gobiernos, desde siempre, han cuidado maternalmente a nuestros terroristas). Y más que nada sufría yo por esa más o menos mitad de franceses y francesas capaces de avergonzarse también de aquello que transmitía la tele y del cuidado maternal dispensado por sus gobiernos a nuestros terroristas. La otra más o menos mitad de franceses y de francesas habían quedado vacunados para siempre, por la antifrancesa Revolución Francesa, para no sentir vergüenza por nada que les humille y degrade a su patria.
En algún lugar, debiera estar guardada la correspondiente grabación que podría confirmar visualmente la dicho por mí sobre aquella llegada parisina.  
Pero la cosa no quedó ahí; a los pocos días me entero de ¡que el Frank va a venir a Madrid! Mi primera reacción fue ponerme a temblar, ante el temor de que algo similar, aunque no pasara de la cuarta parte, pudiera ocurrirles a nuestros guardias civiles de servicio aduanero en Barajas. Pero pronto me tranquilicé, y fue ello al decirme yocon Don Paco en el Pardo, es imposible que una chulería así ocurra en cualquier rincón de España”.

Así que, tranquilo pero muy impaciente por ver lo que ocurriese, esperé con curiosidad el desarrollo de los acontecimientos. Llegó el día D y en el telediario pudimos ver la llegada de Frank a Barajas; contenidos saludos y sonrisas de éste hacia un mediano grupo de fans que se hacían las enloquecidas y que se hacían las desmayadas alguna vez, pero sin abusar; una fila normal de pasajeros para pasar la inspección de equipajes, en cuya fila se encontraba el Frank, seguido de sus alrededor de diez gorilas, muy modositos todos. Y luego, cuando los conflictivos viajeros había salido ya de la dependencia aduanera, un regular follón entre las fans y los gorilas, para evitar estos que las fans celebrasen un festín caníbal con los mofletes de su jefe.
Policía Armada
Pero allí tenía que haber un algo, para que aquellos viajeros tan groseros y abusones en Paris, en Madrid fuesen respetuosos y modélicos ciudadanos en su comportamiento. Y algo hubo; pero, que como entonces España era una nación civilizada y respetable y no tenía por qué permitir que a costa de su dignidad nadie se hiciese una escandalosa promoción comercial, pues no salió en la tele ese algo; y por otra parte, como a los beneficiarios de la pretendida promoción comercial no les interesaba promocionar el régimen del Estado español, pues no creo yo que lo sacasen en sus noticiarios. Así que yo me enteré del algo habido, gracias a un testigo presencial que me lo contó después.
El servicio de la Policía Armada, en Barajas, aquel día estaba al mando de José Breijo Núñez, de la XV Promoción de la A G M. Breijo había pertenecido por propios y sobrados méritos a la escuadra de gastadores de su promoción, era una de esas fuerzas ciclópeas y bonachonas de la naturaleza que de vez en cuando da la noble y recia tierra gallega. Vamos que, cuando andaba él mal de tabaco, era ocasión para que sus compañeros de instrucción táctica le midiesen sus fuerzas, a cambio de un cigarrillo; le retaban a ver si era capaz el sólo de sacar del asentamiento el mortero de 120; y el bueno de Breijo se ganaba el cigarrillo.

Para el referido servicio en Barajas, Breijo aprestó una sección de policías y la situó en un pasillo no visible desde la zona de inspección aduanera, y, al ser avisado de la llegada a esa zona de inspección de los pasajeros del vuelo procedente de Paris, se personó él solo allí; en cuanto se cercioró de que los conflictivos pretendían repetir lo de Paris, se interpuso ante ellos y les indicó el lugar que les correspondía a los efectos reglamentarios. De inmediato, uno de los gorilas le apoyo la palma de su mano en el mentón y lo empujo con violencia hacia atrás, en medio del jolgorio de los otros gorilas; y de inmediato, Breijo le soltó un bofetón, al agresor, que le hizo caer inconsciente contra el mostrador en donde se depositaban los equipajes a inspeccionar. Y de inmediato, todos los demás gorilas se abalanzaron contra Breijo que los esperaba dispuesto a seguir manteniendo el orden en la sala, él solo; Y de inmediato, el segundo jefe de la sección dio la voz de mando de ¡impongan el orden en la sala!, y a la carreara salió la sección, dispuesta a cumplir la orden recibida. Y, antes de atreverse ninguno de los gorilas a acerarse al prevenido Breijo, observaron la carga que se les venía encima y, con el pretexto de proteger al Frank, rodeándolo, se apartaron de Breijo y éste detuvo el avance de la sección y la mando regresar al pasillo de espera. Breijo volvió a quedar solo, hasta que comprobó que los conflictivos cumplían respetuosos las indicaciones de los agentes aduaneros y, luego, abandonaban el recinto.

Estoy seguro de que, si la sección policial hubiese tenido que emplear sus contundentes defensas, el escándalo hubiese aparecido en todos los noticiarios mundiales, para demostrar la brutalidad de la policía franquista y para la mejor promoción comercial del Frank (que en paz descanse desde hace trece años).

Escuadrón de Policía Armada

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción de la A G M

1 comentario:

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Sentido de la autoridad había entonces, mi Coronel. Hoy tolerancia a raudales. Que en muchos de los casos, lleva al ridículo y hasta a la humillación.