ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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23/3/11

MILLÁN ASTRAY


No me extraña que hayan quitado su estatua de la Coruña, estos pobres desgraciados no entienden
el contenido de esta carta. El Honor, el Valor, la Cortesia, la Lealtad y respeto al Rey, La Patria, la
Inmortalidad etc, les suena a chino y al que se identifica con su contenido le llaman fascista, naci o cualquier estupidez que se les ocurra.



CARTA DE MILLÁN ASTRAY A UN CADETE

En el año 1926 un cadete escribió a Millán Astray pidiendole destino en la Legión para cuando obtuviera su despacho de Oficial. Reproducimos aquí la contestación del fundador de la Legión.

Ceuta, 18 de marzo de 1926.

Señor Caballero Alumno de la Academia de Infantería Don Marcial Sánchez Barcaiztegui Gil de Sola.

Caballero Alumno:
Acaban de entregarme la carta que me envías solicitando ingreso en la gloriosa Legión, para cuando salgas de oficial, e invocando como título para ello; tu noble apellido, la sangre que corre por tus venas y tus entusiasmos militares; no es pequeño el ofrecimiento; tu apellido es símbolo de españolismo probado por guerreros que lo llevaron e hicieron ilustre; tu sangre es garantía de que cuando llegue el momento hervirá con todo el ardor necesario para derramarla gozoso; tus entusiasmos serán resortes preciosos para sufrir contento las penalidades de la vida de campaña y para encontrar en el tropiezo con las balas la satisfacción que borra los dolores físicos; pero para que vengas a la Legión son aún necesarias más condiciones, y esas condiciones las proporcionarán con la esplendidez ya legendaria en los infantes españoles, ahí, en esa santa casa, donde recibimos las bases fundamentales de nuestro espíritu militar.

Habrás de rendir culto al HONOR, culto que te obligará a que tu conducta en todos los órdenes, militares y civiles, sea pura e inmaculada, depurada en sus conceptos, siempre inclinada al bien, evitando siempre los falsos pasos, las conductas dudosas y las compañías perniciosas.

Culto al VALOR, que te sobrepongas a las flaquezas humanas y al instinto de conservación, para ofrendar con gusto tu vida y mirar a la muerte cara a cara; pero este valor ha de ser sereno, tranquilo, ecuánime, Sin exaltaciones, ni depresiones, sin desprecio al enemigo si fura poco, sin temerle cuando sea mucho, y sin que este valor sirva para emplearlo en las discusiones con los compañeros ni en las peleas con los paisanos.

Culto a la CORTESIA, para que tus actos se rijan siempre por la exquisitez de los caballeros Españoles; dulce en el trato, afable con todos, respetuoso para con los superiores, galante con las damas, singularmente amante y entusiasta del soldado, al que has de cuidar constantemente, vigilándole, encauzándole y atendiéndole con fraternal cariño cuando se encuentre enfermo o herido, o cuando su espíritu decaiga por tristezas o recuerdos de su vida ciudadana.

Culto AL REY, como Jefe Supremo del Ejército, como encarnación de la institución que rige a España, con reverencia, admiración y adhesión hasta la muerte a Alfonso XIII de Borbón, modelo de soldados y caballeros, cuya alma entusiasta ha probado repetidas veces ante la metralla su valor de soldado, y cuyos entusiasmos y cuyos alientos para sus vasallos le hacen que reúna todas las condiciones que necesita el Rey y el caudillo.

Y, como final, culto a la PATRIA, altar en donde has de ofrendar cuanto seas, cuanto poseas, cuanto puedas valer, y como compendio y suma de los ofrecimientos, entregar en ese santo altar tu vida, con la seguridad también de que si mueres por ella, serás amorosamente recogido por los brazos de Dios, y pasaras a la INMORTALIDAD, como todos aquellos soldados que hacen grande a su Patria con la ofrenda generosa de sus vidas.

Dichos los fundamentos, quedan solo los detalles, que también son convenientes para que tu vida militar se desarrolle dentro de la sana alegría que debe presidir los actos de la vida de los que son felices: OPTIMISlMO, que te lleve a pensar siempre bien, que disipe las tinieblas de tu espíritu en los momentos de angustia o de duda, que te haga olvidar las fatigas, que evite el que te fijes en la cantidad del alimento cuando este sea escaso, o en la dureza del lecho cuando éste sea sólo la madre tierra, que te haga mirar con serenidad y sin horror las tragedias de la guerra, que en los momentos de abatimiento haga surgir la copla o el chiste oportuno, y que cuando los hombres te miren a los ojos, porque las circunstancias no sean favorables, encuentren en el brillo de los tuyos una esperanza fundada de que tu a1ma está bien templada, y siempre piensas en la victoria; exagerada corrección en el MANEJO DE LOS CAUDALES que te confien como administrador de tus soldados; interés exagerado por la ALIMENTACION DE TU TROPA; igual interés por su HIGIENE; y como compendio, el cuidado constante de su ESPIRlTU y de su MORAL, para mantenerlos a ellos también siempre contentos, gozosos y afanosos de ser empleados en las ocasiones de peligro, para emular las hazañas de los antiguos infantes, para dar esplendor a la INFANTERÍA de ahora y para ceñir nuevos laureles a la bandera de su Cuerpo.
Nador, 16 de septiembre de 1921. El Cte. Franco (de espaldas) informa al General Sanjurjo y al Tcol. Millán Astray (ambos a caballo) del progreso de las operaciones.

 

Si a todo eso estás dispuesto, si haces así profesión y fe de cumplirlo, si a ello unes el juramento sagrado de ser fiel y leal a tus compañeros, entendiendo por espíritu de compañerismo el de ayuda, el de sostén, el de amparo, el de buen consejo, el de favor, el de disimulo de sus faltas, el de encauzar a los descarriados, el de ayudarles con tus medios económicos, el de inyectarles tu elevada moral cuando la suya decaiga, y sin que nunca traduzcas el espíritu de compañerismo en la reunión de varios para castigar a uno que delinquió -aún siendo obligación que impone la salvaguardia del honor militar, y que todos debemos estar dispuestos a cumplirla, pero ocultando serenamente las lágrimas de nuestros ojos y los dolores de nuestro corazón-, porque esa manifestación jamás será de compañerismo, sino de sacrificio para mantener incólume el esplendor del honor militar.

Piensa en lo que escribo, cultiva tu espíritu leyendo las obras del arte militar y estudiando con fe y ahínco los reglamentos que has de manejar para conducir tus soldados a la victoria, cuida de tu cuerpo para que esté fuerte y vigoroso, y no dejes de pensar en que el cumplimiento exacto de tus deberes religiosos es también necesario para mantener la conciencia tranquila y el alma libre de pecado.

Millán Astray

Lorenzo Cavanillas
Coronel de Infantería

6 comentarios:

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Voy a intentar conseguir el discursito que el Teniente General JEFUTER díó en Julio de 2010 en la base de Paracuellos a los componentes de ASPHOR que pocos días después partiría hacia Afganistán. Y de la que formaba parte mi hijo Gonzalo como Sargento del Grupo de Caballería de la Legión.
Si recuerdo que a Gonzalo, con tan sólo 10 meses de antiguedad en el empleo,le dejó absolutamente indiferente. Desde luego esos valores que resalta el Cor Cabanillas de la carta de Millán Astray no aparecen por ningun lado.
Y si se me dijera que han pasados siglos...

Ramón Muoz dijo...

Lo que me parece raro es que, en mis casi 38 años de servicio, nunca había oído hablar de esta carta que, en mi opinión, no es otra cosa que un maravilloso "decálogo" del buen militar (jefe, oficial o suboficial) digno de ser estudiado en las Academias. ¿Qué ha sido de semejantes valores? ¡Qué pena, Dios mío!

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Ramón aunque no creo que haga falta que te lo diga, lo expresaré.
La exigencia expresa y pública del cumplimiento de esos valores brilla por su ausencia.No interesa,ni siquiera implicitamente. A ver quien es capaz de decirme que General se atreve a expresarse de una forma parecida en una jura de Bandera, una entrega de despachos, una despedida de misión... El que sea capaz ruego lo documente.

José Antonio dijo...

La carta constituye un breve, preciso y claro tratado deontológico del espíritu de la milicia tradicional española; ese espíritu había contribuido a que la nación alcanzara las cumbres de su poderío histórico civilizador y había contribuido, luego, que la nación renaciera de sus cenizas históricas a las que había sido conducida cuando el agotamiento ideológico de las élites dirigentes condenó al pueblo español a quedar neutralizado, fragmentado y sometido a los dictados del surgente imperialismo que ahora llamamos globalizador inane.

Pero el pueblo español, requerido por las actividades de primera necesidad para su propia supervivencia y natural progreso, por puro pragmatismo había abreviado aún más su propia deontología; desde siempre el pueblo español vivía y se desvivía y moría si era necesario bajo el lema “por Dios y por la Patria”.

De la vigencia y solidez actual y futura de ambas concepciones deontológicas, nadie puede dudar, aun cuando el agotamiento ideológico de las élites dirigentes –que ha alcanzado otra vez nivel (sub-nivel) europeo y norteamericano– pudiera presagiar lo contrario.

Considerando la fecha de la carta, hemos de pensar que estaba redactada ya cuando Millán Astray superaba los cuarenta y seis años de edad, llevaba treinta años de profesión militar como combatiente en primera línea, había recibido tres heridas graves, había perdido el brazo izquierdo y en pocos días perdería un ojo y buena parte de sus piezas dentarias. Y, además, era un muy cualificado testigo presencial de la marcha de un mundo inerme que acababa de salir de la I Guerra Mundial y era llevado a la II G. M. Luego de la solvencia moral e intelectual del firmante de la carta no se puede dudar.

Javier de la Uz dijo...

Mi Coronel, me he permitido el lujo de copiar la carta, imprimirla y enviársela a mi anciano padre, Coronel de Infantería, que seguro le gustará y emocionará leerla.
Muchas gracias y a sus órdenes.

Chevi Sr. dijo...

Javi,para eso, entre otras cosas, está este Blog. Un abrazo.