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4/3/11

MELILLA, EL SITIO DE LOS CIEN DÍAS











Desde el 19 de Septiembre de 1497, fecha de  arranque de la españolidad de Melilla, el día 19 de Marzo de 1775 es la efeméride más importante de la Historia de la Ciudad.

                        
                                      EL SITIO DE LOS CIEN DÍAS

Reinaba en España Carlos III y en Marruecos Sidi Mohamed ben Abdallah, nieto de Muley Ismail creador de la famosa Guardia Negra.
Las relaciones entre ambos Monarcas se regían por el Tratado de Paz y Amistad de 26 de Mayo de 1767, en cuyo artículo primero se establecía “Que la paz entre ambos Soberanos sería firme por Tierra y por Mar…”. Pero el Sultán marroquí, alegando defectos en la traducción, pretendió interpretar el tratado restrictivamente en el sentido de que la Paz no se refería a Tierra. Y así en carta de 16 de Septiembre de 1774 le anuncia al Rey de España su propósito de atacar las Plazas españolas en África, sin que por ello se entendiera quebrantada la Paz. Cometida la agresión marroquí contra la Plaza de Ceuta, el 23 de Octubre de ese mismo año Carlos III declara la guerra.

                                                Plano de la plaza fuerte de Melilla y su campo fronterizo en 1773

La Guarnición de Melilla estaba formada por dos Compañías Fijas de Infantería, cuatro Compañías del Regimiento de Voluntarios de Infantería Ligera de Cataluña, otras cuatro del Regimiento de Infantería de la Princesa y apenas cuarenta y tres artilleros.
Vistas las necesidades urgentes necesidades de todo tipo, el Alcalde y Gobernador de Melilla, Don José Carrión Andrade, envió al Gobierno carta en la que solicitaba cuarenta cañones y ocho morteros con sus correspondientes municiones; personal y diverso material de Ingenieros para la guerra de minas que se esperaba encarnizada; cien camas y numeroso material y medicamentos para proveer al Real Hospital y la Real Farmacia; provisiones de víveres para seis meses y todo tipo de material destinado a la fortificación y defensa de la Ciudad tales como picos, palas, sacos terreros, cal, ladrillos, caballos de frisia y abrojos.
El Gobierno y ante la presunción de un asedio durísimo, envió a la ciudad en calidad de Comandante General al Mariscal Don Juan Sherlock. Quien llegaría a Melilla el 5 de Diciembre a bordo del chamberquín de guerra Andaluz después de diecisiete días de travesía a causa de los fuertes y contrarios vientos.
Mientras tanto el 20 de Noviembre ya se habían embarcado desde Málaga algunas de las peticiones. Pero mucho del personal y material tenían que llegar desde más lejos: Barcelona, El Ferrol, Cádiz y Cartagena. Mientras tanto la Escuadra del Capitán de Navío Don José Hidalgo de Cisneros, que arbolaba su insignia en la Fragata Santa Lucía, levantaba la moral de la exigua guarnición. Pero el 24 de Diciembre arreció tanto el temporal que tuvo que alejarse para evitar la pérdida de barcos. Conocedor de tal circunstancia y de la importancia de esa fecha tan cristiana, el enemigo comenzó un violento bombardeo.
Por fin, al anochecer del día 29  en que mejoró algo el estado de la Mar, se avistó un gran convoy compuesto de veinticuatro embarcaciones de transporte, protegidas por otras de guerra, entre las que figuraba el navío San Jenaro al mando del Brigadier Don Alejo Gutiérrez de Rubalcaba conduciendo los esperados refuerzos que tan angustiosamente necesitaban los esforzados defensores de Melilla.
Independientemente de bombardeos previos, aislados o no, el Sitio se inicia en la mañana del 9 de Diciembre de 1774 en que empezaron a llegar por el camino de Nador fuerzas enemigas ocupando posiciones en torno a la Ciudad y emplazando Baterías en los Cerros de San Lorenzo, Santiago, Horcas Coloradas y la Puntilla. Las tropas sitiadoras se asentaron en campamentos situados fuera del alcance de la artillería española.
Al día siguiente, enarbolando Bandera Blanca y acompañado de gran escolta, se aproximó a la muralla el Caid Amar, solicitando parlamento que le fue concedido. Propuso la rendición de Melilla a cambio de  dejar salir libremente a sus defensores. Todo lo que obtuvo fue la tajante y enérgica respuesta del Mariscal Sherlock. “Tengo jurado defender la Plaza hasta derramar la última gota de sangre”.

                                                                            Mariscal Sherlock parlamentando

Retirados los parlamentarios, sitiadores y sitiados rompieron el fuego.
Y progresivamente fueron llegando al campo enemigo contingentes que eran recibidos con gran alborozo y descargas de fusilería. Hay gran desproporción entre las fuerzas  españolas, tres mil defensores, y las enemigas. Cifradas, según varios historiadores, entre treinta y seis y cuarenta mil.
Sidi Mohamed, acampado con sus tropas en la orilla derecha del río de Oro, habitaba una hermosa tienda de campaña adornada con estandartes verdes, rojos y amarillos. Otra espaciosa tienda inmediata, le servía de Mezquita. Cuando salía a revistar a sus tropas, montaba un brioso caballo tordo, ricamente enjaezado. Otras veces utilizaba una lujosa carroza, regalo del Rey de España.
En los primeros días del sitio, la superioridad del fuego estuvo de parte del Ejército sitiador, que disponía de una excelente artillería adquirida en Inglaterra y Holanda. Instructores ingleses, contratados en Gibraltar, y algunos renegados cristianos servían en la Artillería marroquí.
Pero con la llegada de refuerzos con moderno material, mejoró la situación sensiblemente. Las Baterías de San Felipe, Plaza de Armas, Muralla Real y Baluarte de la Concepción, contestaban tan eficazmente al fuego enemigo, que éste tuvo que alejar sus Campamentos. Se llegó a alcanzar una gran disciplina de fuego, en colaboración con la Escuadra que mandaba el Capitán de Navío Don José Hidalgo de Cisneros. Mediante un código convenido de banderas, que se izaban en el Fuerte de Victoria Grande, las baterías de la Plaza y la de los barcos disparaban simultáneamente sobre los objetivos previstos.
Un aspecto bélico muy interesante fue la guerra de minas, en las que los sitiadores pusieron sus esperanzas tratando de abrir brecha en las sólidas murallas de la Plaza, Pero los defensores no  se limitaron a rechazarlas. Con frecuentes y arriesgadas salidas, destruyeron minas y trincheras de los sitiadores, manteniendo la inquietud en su campo. La mas famosa de estas salidas la protagonizó el Cabo Don Alonso Martín quien , con doce desterrados “hombres de reconocido valor” salió a cuerpo descubierto sorprendiendo y dando muerte al centinela de una de las minas. Incendiando a continuación la trinchera inmediata guarnecida por doscientos hombres que, creyendo se trataba de un ataque de toda la guarnición, se dieron a la fuga. Enterado de tal suceso el Rey Don Carlos III, decretó el ascenso a Sargento de Don Alonso Martín y el indulto de los desterrados.

                                                              Puerta de Santiago en el primer recinto (Actual)

Días y días de ataques y bombardeos de las tropas del Sultán, no parecían hacer mella en la  guarnición.
Vista la bravura y heroicidad de los españoles, en las primeras horas del día 16 de Marzo se contempló como las fuerzas enemigas desmontaban su campamento. A las dos de la tarde, precedidos de bandera blanca, se presentaron unos parlamentarios manifestando que en nombre del Sultán, solicitaban del Rey de España el restablecimiento de la Paz para lo cual, y desde ese momento, desistían de todo acto de hostilidad contra la Plaza. Al día siguiente continuó la retirada del Ejército marroquí y el 18 volvieron los parlamentarios entregando dos cartas del Sultán. Una para el Rey de España y otra para el Ministro de Estado Marqués de Grimaldi, en la que aceptaban su rendición.
Por fin, el 19 de Marzo de 1775, festividad de San José, se alejaban definitivamente de las vistas de Melilla los últimos contingentes del Ejército sitiados.
La noticia de la retirada del Ejército enemigo, produjo gran satisfacción en la Corte. Y Carlos III por Real Orden de 28 de Marzo de 1775 felicitaba efusivamente al Mariscal Sherlock y a los defensores de Melilla: “Quiere el Rey, que VE, en su Real Nombre, dé las gracias muy particularmente a esa Guarnición, por el esmero con que se ha comportado en la obstinada defensa de esa Plaza contra las Armas del Rey de Marruecos, y la gloria que de su constancia y fidelidad le resulta a la Nación y a sus Reales Armas, y de Orden de S.M. lo participo a VE: para que disponga su cumplimiento…”



                                                                    
Bibliografía consultada:
-          Melilla, floresta de pequeñas historias (Francisco Mir Berlanga)
-          Historia de Melilla (Antonio Bravo Nieto y Pilar Fernández Uriel)
-          Asociación de Estudios Melillenses


                                                                 Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda
                                                                      Teniente Coronel de Caballería





3 comentarios:

José Antonio Chamorro dijo...

Melilla (1774-2011), 237 años.

El que se inició en 1774, fue el primer gran acontecimiento bélico reñido entre marroquíes y españoles; luego, vendría el de 1859. Y después vendrían los reñidos entre rifeños y españoles en 1893 y en el largo período que va de 1909 a 1927.

Esas riñas no beneficiaban a ninguno de los contendientes, “condenados a vivir como buenos vecinos” en un mundo “condenado a vivir bajo el dictado imperialista global que se había iniciado casi con el comienzo del siglo XVIII”.

Entonces, si tales riñas no beneficiaban a los contendientes, ¿a quién beneficiaban? ¿Quién tenía poder suficiente para hacerles reñir? Pues, para hallar la conclusión acertada, habrá que examinar los factores influyentes o determinantes. Y yo he de limitarme a señalar algunas pistas orientativas:

• Factores externos: Desmoronamiento de las monarquías europeas, antifrancesa Revolución Francesa, guerras napoleónicas, revoluciones burguesas y revoluciones populares falsas, y I Guerra Mundial.

• Factores internos: Corrupción, luchas internas y debilidad entreguista de las élites y de las estructuras gubernamentales, en Marruecos y en España.

Y planificando, organizando y dirigiendo todo esos factores, el enmascarado, tras sus sociedades secretas (masónicas) infiltradas, imperialismo global.

A partir de ahí, es desde donde yo hago mi estudio correspondiente.

José Antonio Chamorro Manzano

GOnzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

El 2 de Marzo www.alertadigital.es publica que España podría pedir perdón e indemnizar a Marruecos por la guerra de hace 90 años.
¡Que verguenza y absoluta falta de dignidad!

Chevi Sr. dijo...

Gonzalo llega un momento que uno ya no sabe que decir, solo tiene ganas de hacer.
¡Aupa Melilla!, con sus españoles dentro y fuera.