ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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27/2/11

TCOL TEJERO









Un año mas la vil y canallesca prensa arremete contra un hombre patriota y con un sentido del HONOR fuera de lo común: el Teniente Coronel Tejero.
Desde aquellas fechas de 23 de Febrero de 1981, en muchas ocasiones, los medios de comunicación social han intentado entrevistarle. Sólo ha salido de él una frase: Todavía estoy esperando que me expliquen lo del 23 F.
Muchos españoles esperamos que algún día se despejen la incógnitas: La X, la Y, y la Z.
Ya dice su hijo en esta carta “el silencio de mi padre me obliga a callar”.

ANTONIO TEJERO MOLINA: MI PADRE

Aquel 23 de febrero de 1981, muy temprano, salimos de casa... Yo sabía lo que ocurriría... Sin embargo, el silencio era la expresión más simbólica del cariño que se puede dar a un padre que en esos momentos atravesaba unos de los momentos mas difíciles de su vida. Había vivido momentos de angustia, de terror. Noches en vela, acompañadas de desconciertos en una España que los españoles desconocían. Noches de zozobra que acompañaban a un hombre al cargo de las tierras vascas y con el encargo de acabar con el terrorismo... Muertes sin compasión de manos de ETA, traiciones de ideales, injusticias, quejas de viudas, órdenes para quemar una bandera que, después, fue legalizada y que causó tantos y tantos muertos...
Todo era incomprensible para un joven que creció con el dolor, la inquietud, el temor y el deseo irrefrenable de una España coherente... Ese joven era yo, ahora sacerdote de Jesucristo, pero sin dejar de ser hijo de mi padre, del cual me enorgullezco plenamente. Aquella mañana del 23 de febrero acompañé a mi padre a la celebración de la Eucaristía en la capilla que hay frente a la Dirección General de la Guardia Civil. Momentos de silencio, de oración profunda, de contemplación sincera de un hombre creyente que sabía cuál era su deber, que conocía las órdenes recibidas y que no quería por nada del mundo manchar sus manos de sangre (como así fue). Un hombre de uniforme, de rodillas ante el Sagrario y el altar del sacrificio: mi padre. Suponía para mí un ejemplo de gallardía que nadie me hará olvidar, el testimonio fiel de un creyente coherente con el juramento que había hecho años atrás... No había palabras, sólo silencio, recogimiento y oración sincera. Al salir de la capilla, con una mirada penetrante -y me atrevería a decir que trascendente-, contempló la Bandera Nacional y, con voz serena, tranquila y gallarda, me dijo: «Hijo, por Dios y por Ella hago lo que tengo que hacer...». Y, con un beso en la mejilla, se despidió de mí. Un beso tierno de padre, pero que también sonaba a despedida: la despedida de un hombre que teme que no volverá a la vida... y eso pensé yo también.
Y, con el gozo de amar a mi padre con locura, volví a mi casa para acompañar a aquella que simbolizaba -en aquel momento y siempre- los valores de la mujer fuerte de la Biblia: mi madre. Esa gran mujer que ha sabido hacer, de su existencia, una entrega victimal y heroica a Dios, a España y a su familia -valores en los que fue educada a lo largo de todo su vida y que sigue mostrando, en el otoño se su existir, con una entrega amorosa a todos nosotros-. Pasamos la mañana con serenidad... El silencio era la elocuencia de nuestro pesar, mientras que el tiempo se convertía, segundo tras segundo, en el traicionero «reloj» que nos hacía pensar en aquel momento. No sabíamos más ni menos. Realmente, nos dolía España, mi padre y el momento en sí; aunque nos tranquilizaba la certeza, según nos habían dicho, de que el Rey apoyaba y ordenaba tales hechos. Era un acto de servicio más, en un momento crítico, por el cual atravesaba nuestra Patria. Y pasó lo que toda España conoce y lo que los medios transmiten (aunque no con toda la veracidad que debieran). No voy a entrar en polémica... ni quiero, ni debo. Pero sí deseo aclarar algunos puntos que conozco, que siento míos y que viví con intensidad aquella noche. Y deseo hacerlo desde el sosiego, desde la paz que, cada día, me regala Cristo y desde la serena sabiduría de los años que te hacen asentar pasiones y discernir la verdad como realidad de la vida.
No voy a revelar nada del 23F, el silencio de mi padre me obliga a callar. Sin embargo, no puedo dejar en el olvido las grandezas de un gran hombre.
Es por ello que, ante las distintas informaciones y publicaciones de estos días en distintos medios de comunicación, quiero y deseo expresar lo siguiente: mi padre es un hombre de honor, fiel a sus principios religiosos y patrióticos; es coherente y sincero. Es un militar de los pies a la cabeza, consciente de sus responsabilidades, entregado a sus hombres. Es un hombre cumplidor, trabajador hasta el extremo, leal ante el significado de la palabra juramento y fiel al mismo. Es un hombre sereno, sencillo, disciplinado y amante de la verdad. No es violento, ni agresivo. Es templado, sensato, sereno, inteligente y capaz de discernir con coherencia una realidad aparentemente absurda e incoherente como parece que fue el 23F. Es un marido ejemplar. Un padre extraordinario. Un hombre excepcional. Un amigo fiel. Un español honorable y un cristiano sincero y veraz. Mi padre es mi padre. Me duele la falta de información y coherencia. Me duele ver cómo todos aprovechan el «silencio» de un hombre para intentar destruirle... quizá por miedo a su palabra... Me duelen tantos programas y tan poca veracidad...
Quiero a mi padre con locura. Es por ello que ruego y aliento a todos aquellos que creen en la libertad de expresión, para que sean tan audaces y coherentes como para publicar estas pobres palabras que tan sólo manifiestan los sentimientos de un hijo por su padre.
Un hijo que se siente orgulloso de su padre y de que éste se llame: Antonio Tejero Molina.

Ramón Tejero Díez


Gonzalo R-Colubi

7 comentarios:

Antonio Ferratges dijo...

Ramón fúe compañero de clase en el colegio de Huerfanos.
Magnifica Persona.
Como ocurrió con el asesinato del General PRIM, tendran que pasar décadas para que nos cuenten algo de " la verdad " que ya intuimos.
Fué el Decano del golegio de Abogados de Barcelona quien, no hace muchos años, conto la realidad del atentado, en la Calle del Lobo de Madrid, del general, y quien estaba detrás de ese atentado...
Mi admiración y respeto para aquellos militares que, en parte, se jugaron cuanto tenían por España. El valor de la palabra dada..hasta las últimas consecuencias.

José Antonio dijo...

A Ramón Tejero Díez.
Mi querido amigo:
Tu emotiva carta, no sólo nos presenta el alma de un soldado honrado que fue ultrajado “por necesidades del guión democrático que se montó para neutralizar al receloso y fiel pueblo español”, sino que también nos presenta las almas de los guardias civiles y de todos aquellos paisanos o militares de su época que compartían sus mismos ideales patrióticos.
Tu bendita carta, nos presenta también el calor familiar que respaldaba a aquellos hombres que “por Dios y por España” y en cumplimiento de su deber de obediencia ofrecían su vida, con el temor a dejar en azaroso desamparo a su familia.
Yo, a mi vez, fui hijo de guardia civil, y mi infancia había transcurrido con el disimulo angustioso del temor a que, cada salida de mi padre a cumplir un servicio, fuese la última vez que le veía con vida, a él o a cualquiera de sus compañeros de la casa-cuartel de la localidad serrana en la que vivíamos. En aquel entonces (1946-1953), el terrorismo democrático lo ejercían los llamados bandoleros o maquis.
Nunca podré olvidar la grandeza de las almas de nuestras madres que, cuando sabían de la llegada de algún bandolero detenido, apartaban algo de la comida familiar y con nosotros, los niños, se la enviaban al detenido.
Gracias, Ramón, por tantos recuerdos que me has hecho revivir. Tu señor padre es un inmejorable ejemplo viviente para todos quienes aspiren a ser españoles honrados.
De, José Antonio Chamorro Manzano

Gonzalo Rodriguez-Colubi Balmaseda dijo...

¡Viva honrada la Guardia Civil!
España les debe tanto...

Chevi Sr. dijo...

Mi respeto y admiración a un hombre de honor, buen Soldado y mejor Guardia.

Santi Z dijo...

Impecable. No conocía esta carta y agradezco a Gonzalo que nos haya dado la oportunidad de leerla. Sin duda el Teniente Coronel Tejero se sentirá muy orgulloso de que un hombre de Dios, obligado a expresar la verdad,manifieste por escrito lo que muchos pensamos. Y además es su hijo. Siempre me sentiré en deuda con estos patriotas.

Carlos Argüelles dijo...

Querido hermano en Cristo:
Honor, dignidad, nobleza,disciplina, lealtdad.....cuándo era un joven oficial, éstas palabras eran sagradas en el Ejército. Ramón tu padre es digno exponente de los sentimientos que encierran todas ellas ¿Cómo no vas a estar orgulloso?

Javier de la Uz dijo...

Tuve la oportunidad de visitar al Tte.Coronel Tejero, junto con sus compañeros, durante su estancia en Alcalá de Henares.
Ví a un gran Militar y sobre todo a un gran HOMBRE, (con mayúsculas).