16/10/18

BRINDIS DE DON DIEGO HERNANDO DE ACUÑA













BRINDIS DE DON DIEGO HERNANDO DE ACUÑA



Diego Hernando de Acuña


Poeta y Capitán de los viejos Tercios de la Infantería española



“No os preguntarán por mí,

que en estos tiempos a nadie

le da lustre haber nacido

segundón en casa grande;

pero si pregunta alguno,

bueno será contestarle

que, español, a toda vena

amé, reñí, di mi sangre,

pensé poco, recé mucho,

jugué bien, perdí bastante

y, porque esa empresa loca

que nunca debió tentarme,

que, perdiendo ofende a todos,

que, triunfando alcanza a nadie,

no quise salir del mundo

sin poner mi pica en Flandes”.


“¡Por España!

y el que quiera defenderla

honrado muera;

y el que traidor la abandone

no encuentre quien le perdone,

ni en Tierra Santa cobijo,

ni una Cruz en sus despojos,

ni la mano de un buen hijo

para cerrarle los ojos”.

¡Por España!

¡Viva España!








Francisco Javier de la Uz Jiménez

11/9/18

CARTA DE UN CURA DE A PIE A LOS OBISPOS DE CATALUÑA
















PADRE CUSTODIO BALLESTER: CARTA DE UN CURA DE A PIE A LOS OBISPOS DE CATALUÑA




Custodio Ballester




Perplejidad y tristeza, sí. Porque ustedes, señores Obispos, se han posicionado públicamente a través de su Nota afirmando la realidad nacional de Cataluña, concepto no pastoral sino político, no fermento de unidad, sino de discordia.

Custodio Ballester – Reverendísimos Sres. Obispos de Cataluña:

La Nota del 11 de mayo firmada por todos ustedes me ha dejado sumido en la más absoluta perplejidad y tristeza. Afirman sin embozo que se sienten herederos de la larga tradición de nuestros predecesores, que les llevó a afirmar la realidad nacional de Cataluña, y al mismo tiempo nos sentimos urgidos a reclamar de todos los ciudadanos el espíritu de pacto y de entendimiento que conforma nuestro talante más característico. Seguidamente, para que no haya lugar a dudas, vuelven a insistir: Por eso creemos humildemente que conviene que sean escuchadas las legítimas aspiraciones del pueblo catalán, para que sea estimada y valorada su singularidad nacional, especialmente su lengua propia y su cultura, y que se promueva realmente todo lo que lleva un crecimiento y un progreso al conjunto de la sociedad, sobre todo en el campo de la sanidad, la enseñanza, los servicios sociales y las infraestructuras.


Perplejidad y tristeza, sí. Porque durante meses se me ha conminado a evitar cualquier connotación, en mis palabras y actuaciones, que pudiese ser interpretada como un posicionamiento a favor de la unidad de España, que forma parte de las legítimas aspiraciones de la mitad del pueblo catalán; porque se me indicó que cualquier manifestación pública en ese sentido podía provocar crispación y división entre los fieles católicos que viven en Cataluña. Por tanto, que la procesión con el Cristo de la Buena Muerte de la Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios en Hospitalet estaba fuera de lugar; que la Santa Misa celebrada por los difuntos en acto de servicio de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no era de mi competencia; que la atención pastoral prestada a los nonagenarios socios de la Hermandad de la División Azul y el posterior acto académico eran una provocación en toda regla; y que la manifestación contra la cristianofobia y por la libertad de culto y de expresión en la Plaza de San Jaime -con la imagen de Cristo crucificado- no era conveniente que estuviera acompañada por ningún sacerdote porque producía crispación social.

Me siento profundamente engañado por unas palabras que llegué a considerar hasta sinceras por el empeño que se ponía en hacérmelas comprender casi al precio de parecer tonto. Y referidas en cualquier caso a actuaciones meramente evocativas, sin una directa operatividad política y social. Capítulo aparte merecen los posicionamientos y actuaciones de algunos Obispos ante mi participación en las manifestaciones mensuales contra el aborto en el Hospital de San Pablo, intentando desactivarlas a causa de la incomodidad que les generan.

Perplejidad y tristeza, sí. Porque ustedes, señores Obispos, se han posicionado públicamente a través de su Nota afirmando la realidad nacional de Cataluña, concepto no pastoral sino político, no fermento de unidad, sino de discordia. Porque consideran legítimas y ahora legitimadas por ustedes, las aspiraciones de menos de la mitad de los catalanes (aunque por bastante más de la mitad del poder político y eclesiástico) a estimar y valorar una singularidad nacional fabricada hace cien años por Prat de la Riba y las Bases de Manresa. Aspiraciones ahora concretadas en el empeño de esos poderes por un referéndum para consumar la destrucción de una unidad que ha durado siglos. Unidad no sólo de España, sino también de Cataluña, en la que el autodenominado “pueblo catalán” pretende someter a los que tan atinadamente llamó Candel “els altres catalans”. De momento, mediante un referéndum que los enfrente y los confronte.

Ustedes, Sres. Obispos ¿se sienten herederos de la larga tradición de sus predecesores que les llevó a afirmar la realidad nacional de Cataluña? Pues yo también me siento heredero, junto con esa otra mitad de catalanes silenciados también por la Iglesia, de una tradición muchísimo más larga y más catalana que la suya.

Me siento heredero de aquellos que en las Navas de Tolosa unieron las fuerzas de toda la España cristiana -Asturias, Castilla y León, Navarra y Aragón- para defender la libertad de profesar la fe verdadera frente a la intolerancia sanguinaria del Islam. Me siento heredero de aquellos Sacerdotes y Obispos que enviados por Isabel y Fernando al Nuevo Mundo, evangelizaron las Américas y confirieron la dignidad de hijos de Dios a hombres y mujeres de otras razas que se convirtieron por la fe no en esclavos, sino en súbditos libres de su Madre Patria, iguales en derechos a los demás españoles.

Me siento heredero del Somatén de Sampedor que se levantó con el timbaler del Bruch el dos de mayo de 1808 para defender una patria española que, invadida por los Ejércitos de la atea Ilustración francesa, amenazaba con destruir la fe de una nación constituida sobre ella. Me siento heredero también de Mossén José Palau, Sacristán mayor de Nuestra Señora de Belén, bárbaramente mutilado y quemado vivo en su iglesia cuando la multitud anarquizada arrasó con todos los templos de Barcelona el 19 de julio de 1936, y arrebató la vida de cientos de Sacerdotes y Religiosos, a los que siguieron luego varios miles bajo el mandato de Companys. Me siento heredero de aquellos catalanes que bajo la advocación de la ahora profanada Virgen de Montserrat, levantaron la bandera de la Tradición catalana y regaron con su sangre los campos de España, muriendo por Dios y por su Rey católico. Soy heredero de aquellos hombres y mujeres honrados que prefirieron permanecer fuera, vigilantes, a cielo raso, antes que participar en los restos desabridos de un banquete sucio. Me siento heredero de aquellos que se jugaron la vida para sacar a la luz las catacumbas de Cataluña, y para dar testimonio de la Fe de Cristo en sus calles y en sus plazas; y de aquellos que murieron en un sucio paredón de cara a la madrugada con la mirada puesta en su Dios y en su Patria.

Con el mismo derecho que ustedes se declaran “herederos” de los unos, me declaro yo heredero de estos otros como catalán que soy. Con el mismo derecho conque ustedes toman una opción tremendamente discutible, yo tomo la contraria y lo hago también públicamente desde mi conciencia de Sacerdote y de cristiano, de la cual ni siquiera la Iglesia puede juzgar. Soy heredero de una tradición que me ha hecho, por la gracia de Dios, ser lo que soy. ¿Ustedes obran en conciencia? Yo también. No les juzgo, no me juzguen ustedes a mí. Dios ya lo hará con todos. Pero ese “pueblo catalán” que está en el poder y aspira a ver reconocida su singularidad nacional, no deja de ser una elucubración hegeliana al servicio de ese poder absoluto e intolerante, no sólo político, sino también moral (desde la perspectiva católica, inmoral) que en Cataluña impide toda discrepancia, hasta la de los obispos. Pero insisten en que se ha de dialogar con ellos. ¿Sobre qué? ¿Sobre el calendario de imposición de la corrupción moral?

Ustedes, Sres. Obispos, mantienen impertérrito el ademán ante la “Constitución” inmoral y anticatólica del nuevo Estado Catalán que parecen aceptar de buena gana, con la única condición de un pacto y un entendimiento que saben que no llegará nunca por la absoluta incompatibilidad de principios y por el carácter rabiosamente totalitario de ese poder. ¿Debemos entonces aceptar que se abra el camino a todos los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas de sus Diócesis para que se pongan al servicio incondicional del nuevo Estado inmoral y tiránico que se quiere refrendar contra la mitad del pueblo catalán y contra el resto de España? Me duele profundamente que en su nota conjunta, los Obispos de Cataluña no hablen del Pueblo de Dios (que es el que la Iglesia nos confió), sino sólo del pueblo de Cataluña (el medio pueblo de Cataluña que tiene el poder y por el que parecen apostar) elevándolo así a categoría teológica; me duele que no se nombre en ningún momento ni a Cristo ni a su Iglesia y se prescinda del anticristianismo radical de ese “pueblo de Cataluña” que ha profanado ya los símbolos más sagrados de nuestra fe.

Y resulta sorprendente, Sres. Obispos, que apuesten ustedes por una Cataluña cuyos servicios sociales, tan fuertemente anclados en el progreso que ustedes desean, ofrecen niños en adopción al Lobby LGTB; que apuesten por una sanidad que cultiva el aborto, la eutanasia y la experimentación con embriones humanos; y por una enseñanza que adoctrina ya hoy en ideología de género y en plurisexualidad desde la educación primaria. De momento, han conseguido ostentar la tasa más alta de abortos -también en hospitales participados por la Iglesia- pagados con dinero público por la Generalitat. Este progreso que ustedes, señores Obispos, desean que se promueva, se cimienta en la nueva Cataluña sobre la más deplorable corrupción moral: contra la que ustedes evitan toda crítica; y se quedan en la calderilla de la corrupción económica. ¿De Cataluña? No, del “conjunto del Estado”: que para eso pertenecen a la Conferencia Episcopal Española. La calurosa felicitación de Carles Puigdemont no se hizo esperar.

Podría haber desahogado mi tristeza y perplejidad en cualquier tertulia de sobremesa en una recóndita casa parroquial. Prefiero hacerlo así, públicamente, como ustedes lo han hecho y con la lealtad de aquel que no puede ni debe esconderse, pues no ha dicho nada ni contra la doctrina ni contra la moral cristiana. Sólo he roto el bozal del pensamiento único y he entrado en la arena del ruedo por la puerta que ustedes mismos me han abierto.

Si defienden la legitimidad moral de todas las opciones políticas que se basen en la dignidad inalienable de los pueblos y de las personas, espero que respeten también la mía y de tantos otros, pues ustedes ya se han posicionado con la suya; y que no reduzcan al silencio a los discrepantes, con el argumento de autoridad de la obediencia debida.

Ya sé que la discrepancia contra el pensamiento único se castiga severamente. Ya han visto cómo han reaccionado contra el autobús discrepante. Estoy dispuesto a pagar el precio con que se castiga ésta. La defensa de la verdad tiene un precio, ya muy alto en esta sociedad que galopa hacia el totalitarismo. En la refriega en que estamos, es difícil evitar el fuego enemigo, tan fanático. Por eso daré gracias a Dios si consigo esquivar el fuego amigo. Y me aplico el cuento del cartel de esos reivindicadores del derecho a decidir (sólo lo que el poder decida que podemos decidir): Procura que tu prudencia no se convierta en traición. En mi caso, traición al Evangelio, a la Iglesia y al Pueblo de Dios.


Custodio Ballester Bielsa, pbro.

Cura párroco de la Inmaculada Concepción de Hospitalet de Llobregat



Francisco Javier de la Uz Jiménez

28/7/18

LA HAZAÑA DE UN GUARDIA CIVIL EN LA GUERRA DE CUBA
















La hazaña del Guardia Civil que retó a 300 rebeldes en la Guerra de Cuba: “Vengan cuando gusten, prefiero mil veces la muerte”

Cándido Santa Eulalia, al mando de once Agentes de la Benemérita, prometió en octubre de 1895 que nunca cometería la “vileza” de entregarse con vida a los enemigos de España.



Bajo el titular de “Un héroe”, la prensa española publicaba dos artículos el 19 de noviembre de 1895, en los que recogía la curiosa hazaña protagonizada por un Guardia Civil en la Guerra de Cuba. Todo comenzó cuando este fue amenazado unos días antes por el jefe de un grupo de rebeldes. “Señor Comandante del Puesto de Dolores —podía leerse en la carta recibida en el Cuartel donde permanecía atrincherado el español—. Por orden de mis superiores, que bajo ningún pretexto puedo dejar de cumplir, tengo que tomar sin falta el Fuerte que usted ocupa, mañana, a las nueve”.


Hacía apenas nueve meses que se había iniciado el último levantamiento de los cubanos contra España, y que, tres años después, significaría la pérdida de sus últimas Colonias en ultramar. Fue impulsado el 24 de febrero por José Martí en una acción conocida como el “Grito de Baire”: varios grupos independentistas del Ejército mambí atacaron simultáneamente a las Tropas españolas en varios puntos de la isla. Comenzaba el principio del camino hacia el “Desastre del 98”.

Por allí andaba nuestro protagonista, Cándido Santa Eulalia. Era parte del Cuerpo de la Guardia Civil que se había creado en Cuba a mediados del siglo XIX. El responsable de aquella fundación en la isla —menos de una década después de que naciera en España— fue el Capitán General José Gutiérrez de la Concha tras tomar posesión de su cargo en 1850. Una medida que formaba parte de su ambicioso plan para reorganizar la presencia española en la Colonia y controlar mejor el territorio, ante la creciente tensión con los autóctonos. Sus objetivos, en aquel periodo inicial, eran simplemente garantizar “la tranquilidad y seguridad pública” para facilitar el desarrollo del Gobierno y terminar con la corrupción de los poderes locales. La primera Compañía contó con 124 agentes. En 1853, el siguiente Capitán General, Juan de la Pezuela, aumentó su número hasta 258. Y no paró de crecer cuando estalló la primera guerra de independencia (1868-1878) y, sobre todo, cuando se acercaba la segunda y definitiva (1895-1898). En 1872, los Agentes llegaban a 3.700; en 1881, a 4.800, y en 1890, a 5.280 hombres, superando después esa cifra para acabar dando apoyo al Ejército en las acciones de combate.

A pesar de este número, Santa Eulalia se encontraba acompañado de tan solo once compañeros cuando recibió aquella advertencia por carta en su Puesto del pueblo de Dolores, en la provincia de Cienfuegos. En ella, el jefe del Destacamento insurrecto, el Capitán José María Rojas Falero, le insistía: “Yo, para no cometer un acto infame y darles una muerte terrible a ustedes, que serán víctimas de su Gobierno, les advierto por si quieren entregarse sin entrar en combate y librarse de perecer. Usted, si se entrega y quiere pasarse a nuestras filas, obtendrá el grado de Sargento Primero. En buena paz y unión le ofrezco la mayor consideración y hermandad. Y si se oponen, el Fuerte será destruido por cuatro bombas de dinamita y 300 hombres que, a las nueve a próximamente, los tendrán ya sitiados a ustedes. Espero enseguida su contestación”.



Una pareja de la Guardia Civil conduce a Santiago de Cuba, en enero de 1895, a varios prisioneros. El grupo está atravesando el río Cauto en una balsa de sirga - ABC



No se sintió muy intimidado el Guardia Civil ante la amenaza del Capitán cubano, al que respondió enseguida: “Señor don José María Rojas Falero. Muy Señor mío: una vez leída su atenta carta, debo manifestarle que yo soy muy español y, sobre todo, que pertenezco a la Guardia Civil. Habiéndome honrado mis dignos jefes con el mando de este Destacamento, prefiero mil veces la muerte que traicionar a mi Patria y olvidar el juramento de fidelidad que presté a la gloriosa Bandera española, en cuya defensa derramaré hasta mi última gota de sangre antes de cometer la vileza de entregarme con vida a los enemigos de España y de mi Rey”.

Por si no quedaba claro, Santa Eulalia insistió en la idea de que jamás traicionaría a la Benemérita ni a su país, aun sabiendo que aquel enfrentamiento le traería la muerte a él y a sus hombres con toda seguridad. “El ascenso que me proponen para nada lo necesito, pues estoy orgulloso de vestir el uniforme de la Guardia Civil. Mi mayor gloria sería morir con él. Mis jefes también saben premiar a los que defienden su honra, así que, reunido con mis dignos compañeros, rechazamos con energía todas sus predicaciones y amenazas. Estrechados como buenos hermanos y como defensores de este pedazo de terreno, gritamos muy alto para que ustedes lo oigan: “¡Viva España! ¡Viva nuestro Rey! ¡Viva la Guardia Civil!”. Aquí estamos dispuestos a morir, vengan cuando gusten a tomar el pueblo para que se lleven su merecido. Puesto Dolores, 27 de octubre de 1895. El Guardia Civil de Segunda Cándido Santa Eulalia”.

El gran impacto que debió causar en su enemigo aquella entrega (o acto suicida), llevó al Capitán cubano a cambiar de opinión con respecto a su oponente, al que volvió a enviar una misiva: “Amigo mío: Me gusta tratar siempre con los hombres valientes y caballeros. Yo tengo una orden superior para que hoy, sin falta, tome el Fuerte y cumpla con lo mandado contra ustedes. Sin embargo, al ver hasta dónde llega su educación y valentía, dejo de cumplir con mi deber. Además, haré desistir a mis jefes de cometer este acto infame, porque ustedes, nobles españoles, no harán otra cosa que cumplir como héroes de su Patria. Yo trataré de dar mis excusas y buscar los medios que estén a mi alcance para cuanto pueda por el bien de ustedes. Ruego que me dispense, pero desde hoy, como defensores de una idea, seremos enemigos, pero en lo tocante a nuestra personalidad, puede usted contar con un buen amigo y servidor, el Capitán José María Rojas Falero”.

Ni “La correspondencia de España” ni “El País”, los dos diarios que publicaron este episodio en noviembre de 1895, hicieron mención en los días sucesivos al destino final de Cándido Santa Eulalia ni de su Guarnición. Con los datos disponibles actualmente y publicados en 2018 por los “Anales de la Real Academia de Cultura Valenciana”, el número de Guardias Civiles muertos en la Guerra de Cuba fue de 555. De ellos, 86 lo hicieron en combate o como consecuencia de las heridas, una cifra superior a la media del Ejército.







Imagen de uno de los cinco mil guardias civiles que sirvieron en Cuba – ABC



Francisco Javier de la Uz Jiménez


20/7/18

80 AÑOS DEL CAMPO DE EXTERMINIO DE TURÓN

















80 AÑOS DEL CAMPO DE EXTERMINIO DE TURÓN








JAVIER SORIANO
 Coronel en la Reserva

Se cumplen 80 años del Campo de trabajo activado durante la Guerra Civil por la República en Turón (Granada), aunque lo de "trabajo" no deja de ser una falacia puesto que de un total de 301 presos que componían la primera expedición de internados en el mismo, procedentes de la Prisión del Ingenio (Almería) y la mayor parte de ellos almerienses, en el periodo de tiempo comprendido desde su llegada el 6 de mayo de 1938 hasta el 30 de septiembre del mismo año, cuando fueron trasladados al Campo de trabajo de Albatera (Alicante), 83 (27,5%) habían sido ejecutados y 43 (14,3%) tuvieron que ser ingresados en hospitales ante la imposibilidad de ser trasladados por su estado físico.

El Campo de "trabajo" de Turón debe quedar marcado como un lugar de la Memoria Histórica, puesto que como especifica la Ley 52/2007 en su Exposición de Motivos, "… Es la hora, así, de que la democracia española y las generaciones vivas que hoy disfrutan de ella honren y recuperen para siempre a todos los que directamente padecieron las injusticias y agravios…. También a quienes perdieron su libertad, al padecer prisión, deportación, confiscación de sus bienes, trabajos forzosos o internamientos en campos de concentración."

Los 301 presos de la 1ª expedición a Turón perdieron su libertad sin condena previa, se les confiscó todo lo que tenían de valor antes de ser trasladados, se les prohibió expresamente contactar con sus familias o con los habitantes locales, se les obligó a trabajos forzados sin medidas mínimas para su subsistencia (comida, alojamiento, higiene, etc…) y en un porcentaje significativo fueron ejecutados en los desplazamientos desde el lugar de internamiento al de trabajo y regreso.

Sólo la intervención de la Cruz Roja Internacional pudo frenar las ejecuciones sistemáticas de los presos internados en Turón, un Campo cuya orden de activación procedió del Gobernador Civil de Almería y la fuerza de custodia era del propio Ejército regular republicano, es decir, la responsabilidad de la gestión del Campo recaía en la propia estructura de mando republicano en Almería. Pero Turón no fue una excepción, ya que en la Guerra Civil ambos bandos recurrieron a los Campos de trabajo para concentrar a los desafectos quintacolumnistas y prisioneros de guerra. No era la primera vez que se utilizaban en España, puesto que con la Ley de "vagos y maleantes" de 1933, conocida como "la gandula", la misma que luego aplicaría con algunas modificaciones el Régimen Franquista, se empezó a emplear el internamiento en Campos de trabajo como una de las medidas de seguridad, planificándose en 1934 la construcción de 3 en España (en Burgos, Puerto de Santa María y Alcalá de Henares) y 1 en Guinea Ecuatorial (Isla de Annobón).

Los Campos de trabajo empezaron a abrirse en la zona "nacional" en noviembre de 1936, y en la zona “republicana” en abril de 1937, quedando estos últimos regulados por decreto en diciembre de 1936 para internar en ellos a los condenados por los Tribunales Especiales Populares, es decir, a los desafectos al Régimen republicano.

El primer Campo republicano se abrió en Totana (Murcia), luego vendrían los de Albatera, Orihuela, San Juan y Calpe (Alicante), Valmuel (Teruel), Venta de Araoz (Almería) y Rosas (Gerona). Para su gestión se creó un Patronato Nacional bajo la presidencia del Ministro de Justicia y vocales representantes de las principales formaciones políticas y sindicales (Partido Socialista, Izquierda Republicana, Unión Republicana, CNT y UGT).

Además de estos Campos gestionados por el propio Ministerio de Justicia (Dirección General de Prisiones - DGP), existieron otros 6 en Cataluña controlados por el SIM (Servicio de Información Militar), agencia de inteligencia auspiciada por el Ministro de Defensa Indalecio Prieto: el Pueblo Español en Montjuic (Barcelona), Hospital de l´Infant (Tarragona), Omells de Na Gaiga, Concabella y Ogern (Lérida) y Falset (Tarragona).

Y aunque su propósito, como el de los franquistas, era el castigo y la redención a través del trabajo, los índices de mortalidad fueron muy significativos, a causa de desnutrición, malos tratos y ejecuciones. 80 años después, el Campo de trabajo de Turón, al igual que los demás Campos gestionados por la DGP y el SIM, ha quedado en el olvido. Se sabe todo de los Campos franquistas, pero muy poco o nada de los republicanos, aunque en los de ambos bandos se cometieron auténticas atrocidades, para las que no hay justificación alguna.





Francisco Javier de la Uz Jiménez