11/6/18

AL ATEO PRESIDENTE DEL GOBIERNO














Por mi parte, con este titular, nada más lejos está el insulto o descalificación al Presidente actual del Gobierno de España, solamente me remito a transcribir sus palabras en un programa de Televisión, y a la carta que escribe su colega socialista francés a su hijo sobre el aprendizaje de la Religión. 

En septiembre de 2014, Risto Mejide, popular personaje televisivo con fama de independiente, ha entrevistado en el estreno de su programa de entrevistas televisivas en La Cuatro "Viajando con Chester" a Pedro Sánchez, nuevo líder del Partido Socialista Obrero Español.

Por fin, vamos a sentar en Chester (el sofá de la entrevista) al jefe de la Oposición. Arrancamos con el flamante secretario general del PSOE Pedro Sánchez”:


-¿Tú eres católico? - preguntó en cierto momento el entrevistador.

- No. Yo soy ateo.

- Eres ateo.

-.

-Profundamente ateo.

-Ateo a secas, jajaja...

-Bueno, los hay que son agnósticos, los hay que, bueno, tienen su...

- Soy ateo. Soy ateo y creo que la Religión no debe estar en las aulas, debe estar en las Iglesias. En el aula se tiene que “formar ciudadanía”, no se tiene que formar...pues... gente con creencias religiosas. Eso pertenece al ámbito privado.

El líder socialista no aclaró qué significa "formar ciudadanía". ¿Podría ser lo mismo que "formar socialistas" o "formar laicistas"?

Risto en cierto momento le espeta directamente al político:

- Te escucho hablar y tengo un síndrome del zapaterismo. Estoy escuchando a Zapatero versión 2.0.


Pues bien, en estos tiempos en que todo está en discusión reproducimos esta interesante carta escrita por el socialista Jean Jaurés, líder socialista francés  (1859-1914), diputado del Partido Obrero Francés, fundador del periódico L'Hurnanité, en el que precisamente publicó esta carta dirigida a su hijo. Texto citado por Pildain en las Cortes de la II República.



El socialista francés Jean Jaurés

QUERIDO HIJO, me pides un justificante que te exima de cursar la Religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás.


No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre; pero tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la Religión. Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son, hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?

Dejemos a un lado la política y las discusiones, y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender la historia y la civilización de los griegos y de los romanos, y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la Religión que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Medía y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen? En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra, a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de moral, ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabía y más universal? -éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau.

Hasta en las ciencias naturales y las matemáticas encontrarás la Religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampère era piadoso; Pasteur, probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas. ¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios? Hay que confesarlo: la Religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización; y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras. Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado, es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple «sayo, vivre», hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos, por lo menos, comprenderlas, para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo: convéncete de lo que te digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la Religión; pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de consuno los hechos y el sentido común. Muchos anticatólicos conocen por lo menos medianamente la Religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad. 



Líder socialista en un mitin

Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad exige la facultad de poder obrar en sentido contrario. Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación.


(Texto sacado del Diario de Sesiones de las Cortes españolas, 1 de marzo de 1933)





Francisco Javier de la Uz Jiménez


9/6/18

PARDINES, MEDIO SIGLO DEL DÍA EN QUE ETA DECIDIÓ MATAR
















El Guardia Civil gallego fue la primera víctima de la banda terrorista ETA, en 1968.




El Guardia Civil José Antonio Pardines Arcay, gallego de Malpica de Bergantiños (La Coruña), de 25 años, regulaba el tráfico en Aduna (Guipúzcoa) cuando un fatal cruce de destinos acabó con su cuerpo con cinco disparos en el suelo, en medio de un charco de sangre, la primera que la banda terrorista de ultraizquierda ETA derramó en el País Vasco.

Este primer asesinato de ETA sucedió el 7 de junio de 1968, hace ahora medio siglo, y significó el inicio de una trayectoria terrorista que se ha prolongado durante casi cinco décadas y ha dejado 853 víctimas mortales hasta su disolución definitiva este mismo año.

Aquel mismo día murió también, abatido por la Guardia Civil, el asesino de Pardines, el dirigente etarra Txabi Etxebarrieta, a quien la izquierda abertzale convirtió en un mártir y un mito y al que, aún hoy, 50 años después, sigue tributando reconocimientos y homenajes con la connivencia de las instituciones.

El nombre de Pardines, mientras, pasó al olvido, como demuestra una encuesta llevada a cabo el año pasado por el Euskobarómetro vasco, que preguntó por la identidad de la primera víctima mortal de ETA, cuestión que únicamente supo responder correctamente el 1,2% de los encuestados.

Para recuperar su memoria, el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo ha editado este año un libro sobre el asesinato del Guardia Civil, titulado “Pardines, cuando ETA empezó a matar”, coordinado por el profesor Gaizka Fernández Soldevilla y por el periodista y director del Centro Florencio Domínguez. 

Este monográfico, además de rescatar la memoria de Pardines, escruta la causa judicial del asesinato, hallada en Galicia cuando se creía ya extraviada y desmonta algunos de los mitos establecidos en el País Vasco, a fuerza de ser repetidos por la izquierda abertzale.

Pardines, adscrito a la Unidad de Tráfico de la Guardia Civil, a la que pidió incorporarse por su afición a las motos, regulaba la circulación en una carretera local de Aduna cuando dio el alto a un SEAT 850 cupé con matrícula de Zaragoza en el que, para su desgracia, viajaban Txabi Etxebarrieta y otro miembro de ETA, Iñaki Sarasketa, ambos armados.

El Guardia siguió al vehículo con su motocicleta y lo hizo parar a la altura del kilómetro 446,5, tras lo que pidió al conductor (Etxebarrieta) el permiso de circulación, que cotejó con el número de bastidor del coche y, tras poner objeciones porque no coincidía, fue asesinado sin que llegara a tocar su arma, a diferencia de la versión que difundió la propia banda.


 Sepelio el 7 de junio de 1968 tenía lugar en la localidad coruñesa de Malpica el entierro del Guardia Civil José Antonio Pardines Arcay. EFE

“El relato creado por ETA en 1968 es el de un duelo del salvaje Oeste, en el que Pardines había parado el coche y había echado mano a su pistola para atacar a los dos etarras, pero ellos fueron más rápidos”, destaca Fernández Soldevilla, quien añade que, de esta manera, el nacionalismo radical “convirtió al asesino en víctima y a la víctima en agresor”.

“Le dieron la vuelta a los hechos, tergiversándolos y de esa manera intentan justificar todos los atentados que han llegado después”, resalta el historiador.

Además de la sentencia sobre los hechos, el propio Iñaki Sarasketa, único testigo de los hechos que sobrevivió a aquel 7 de junio, refutó esta versión en varias entrevistas, en las que aseguró que Etxebarrieta disparó contra el Guardia cuando este, de cuclillas y dando la espalda a los etarras, hizo ver que la documentación no coincidía con el coche.

Sarasketa, fallecido el año pasado, aseguró también que sólo disparó Etxebarrieta y que él sugirió desarmar al Guardia y huir. Otro dato que no había sido refutado pero que el expediente policial y el análisis balístico ponen en duda, ya que las cinco balas que acabaron con la vida de Pardines correspondían a dos pistolas diferentes.

ETA no había planeado matar a Pardines, pero sí había adoptado la decisión histórica de comenzar a asesinar. En concreto lo hizo apenas cinco días antes del asesinato de Pardines, en una reunión de su dirección en Ondarroa (Vizcaya), donde eligió a sus dos primeros objetivos: los Jefes de la Brigada de Investigación Social de Vizcaya, José María Junquera, y de Guipúzcoa, Melitón Manzanas, al que la organización mató dos meses después.

Cuando se toparon con Pardines “ya habían decidido matar” y disparar sobre el Guardia de Tráfico “fue una decisión de los etarras, de Txabi Etxebarrieta, que era un jefe de la banda”, subraya Fernández de Soldevilla.

Aquel 7 de junio de 1968 apenas se sabía nada de ETA y la Guardia Civil, que abatió a Etxebarrieta horas después en un enfrentamiento en Benta Haundi, a las afueras de Tolosa, no conocía su identidad ni relacionaba todavía el asesinato de Pardines con la organización terrorista. Lo hizo al día siguiente, cuando fue detenido Sarasketa en la localidad de Régil.

La memoria de Etxebarrieta la cultiva una asociación civil creada en Bilbao, su localidad natal, que ha organizado esta semana actos de recuerdo al asesino etarra.

“Es un ejemplo claro del peligro que corremos en el País Vasco. ETA ya no mata, ha desaparecido, pero por debajo de esta normalidad sigue un discurso de odio y sigue la tergiversación del pasado y el hecho de que se esté glorificando después de 50 años a un asesino indica que todavía tenemos un problema grave”, lamenta Fernández de Soldevilla.


EL CAMIONERO QUE SE ENCARÓ CON LOS ASESINOS DE PARDINES: "NO ME SIENTO UN HÉROE"


Fermín Garcés Hualde


"No me siento un héroe ni nada de eso; lo hice por humanidad". Son las palabras de Fermín Garcés, el camionero que hace exactamente 50 años se enfrentó a los asesinos del Guardia Civil José Antonio Pardines, la primera víctima de ETA. No tuvo miedo, pero se jugó la vida. A sus 86 años, Fermín rememora para Efe ese episodio. 

Garcés y su hija Carmen reciben a Efe en su casa de Madrid horas antes de que se cumpla medio siglo de aquel 7 de junio de 1968, cuando el Agente Pardines regulaba el tráfico en Aduna (Guipúzcoa) y fue acribillado por cinco disparos que le causaron la muerte, la primera del historial sangriento de ETA.

Fermín transportaba maíz desde Francia a Madrid y era consciente de que la carga de su camión superaba en dos toneladas lo autorizado. Por eso, cuando vio a Guardias Civiles se puso en alerta y, de repente, escuchó un sonido parecido a un disparo.

Pensó —continúa Fermín su relato— que se trataba del ballestín de su camión, que cuando se rompe suena igual que un disparo. Pero su vehículo funcionaba con normalidad. Miró a su alrededor y vio como Pardines cayó muerto, a la vez que escuchó cuatro tiros más dirigidos al Agente.

No dudó en bajarse del camión, pero los dos terroristas, Iñaki Sarasketa y Taxbi Etxebarrieta, dos jóvenes de 19 o 20 años, como llegó a calcular Fermín, tiraron la moto que Pardines había puesto delante del coche de los sospechosos y se introdujeron en un SEAT 850.

Fue entonces cuando el camionero, sin dudarlo, cogió de un hombro a Sarasketa y le espetó: "¡Quietos, asesinos, bandidos, quietos aquí!". Los terroristas le pusieron la pistola en la cabeza y no le mataron "de milagro", rememora Fermín Garcés, quien recuerda cómo hacía "culebrillas" con su cuerpo por si disparaban para evitar así ser alcanzado. O al menos, intentarlo.

Tras el camión había varios coches, que no pudieron presenciar los hechos porque el vehículo pesado impedía la visión. Fermín pidió a los ocupantes de uno de los turismos que avisaran al otro motorista de la Guardia Civil, compañero de Pardines, de que éste había sido abatido.


 Lugar en el que murió el agente Pardines, momentos después de su asesinato. EFE

Intentaron coger la matrícula del coche de los terroristas -"no llevaba ni bolígrafo", dice Fermín-. En una papelera cercana, avisó al Cuartel de Tolosa y un grupo de Guardias Civiles llegó hasta el lugar.


Al verse asediados, los terroristas salieron del coche e intentaron huir "monte arriba". Se cruzaron disparos, Etxebarrieta resultó herido -murió después- y Sarasketa consiguió llegar hasta la casa del Cura de Tolosa tras amenazar al conductor de un coche, que tuvo que llevarle, pero finalmente fue detenido.

"Fue todo tan rápido... Actué de esa forma... No me lo podía creer ni yo", relata emocionado Fermín, que pide disculpas por ello y por si en algún momento de su narración le cuesta hacer memoria de todo lo que en esos días ocurrió.

"No sabía que eran de la ETA, solo que eran unos chicos jóvenes" los que habían disparado. Cuando días después Fermín fue requerido por la Comandancia de San Sebastián, reconoció sin ningún titubeo a Sarasketa como uno de los terroristas.

A partir de ahí, la vida del camionero, que hasta entonces trabajaba para una empresa, cambió radicalmente. En la Guardia Civil le ofrecieron regalarle un camión, pero él no quería nada, solo entrar en el Cuerpo.

Hasta entonces no había ni soñado esa posibilidad, pero tras el atentado a Pardines deseó ser miembro de la Benemérita, aun consciente de que ganaría la mitad del sueldo que conseguía como camionero.

Mientras llegaba la fecha de ingreso en la Academia de Sabadell (Barcelona), Fermín pasó un mes en su pueblo, donde había gente afín a la causa etarra. Pero él no tenía miedo ni se sintió señalado. Claro que el Cabo José, "un tiarrón", ya le había dicho: "Fermín, no te preocupes que te vigilamos, aunque no nos veas".

Su mujer no se creía lo que había hecho. "¡Cómo va a hacer eso Fermín!", se preguntaba. Su hija Carmen da la respuesta: "Mi padre es muy lanzado, no tiene miedo a nada. Si ve en la calle una discusión, enseguida media".

Fermín ha desarrollado su carrera en el Parque Móvil de la Guardia Civil en la calle del Príncipe de Vergara de Madrid. No ascendió y dejó el curso de Cabo a medias porque el sueldo no le daba y tuvo que buscarse otros trabajos de tarde: acomodador, camarero, portero en el Santiago Bernabéu...

Ha sido testigo de la "increíble" evolución de la Guardia Civil, un Cuerpo que para él es "lo más grande del mundo" y cuyos Agentes merecen, a su juicio, un mejor sueldo.

En otros tiempos Fermín no hubiera imaginado que las mujeres iban a ingresar en la Benemérita. Y mira por donde, su nieta ya es Guardia. Hizo Sociología, tuvo su primer destino en una localidad de Madrid y su ilusión es entrar en alguna Unidad de Información.

Fermín lamenta que a los Agentes se les haya acosado en Cataluña. "El mundo se está volviendo loco", enfatiza.

Coincide el 50 aniversario de su heroicidad y de la muerte de Pardines con la disolución de ETA, que era algo que "tenía que llegar", porque "todo se termina, hasta las guerras", añade Fermín.

Los terroristas "han hecho mucho mal, ha durado mucho, han matado a gente e incluso a chiquillos que no tienen culpa de nada. No hay derecho", insiste.

Fermín sonríe al terminar cada frase y su expresión se dulcifica. Pese a los reconocimientos, le resta importancia a su acción. "¿Héroe de la Guardia Civil? Qué pichorras. No soy héroe. Hice lo que tenía que hacer, por humanidad". Es más que suficiente. Ya no puede haber más preguntas. 


                              






4/6/18

CUANDO ESPAÑA FUE CONSAGRADA AL SAGRADO CORAZÓN


















Monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de Los Ángeles



El 30 de Mayo de 1919 el Rey Alfonso XIII leyó la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús. Este acto se realizó en el Cerro de los Ángeles, cerca de Madrid, y ante un gran monumento de piedra del Sagrado Corazón de Jesús situada en lo alto del cerro. El Rey leyó la consagración de pie ante el Altar del Monumento con el Santísimo Sacramento expuesto. Al acto asistieron la familia Real, el Gobierno en pleno, otras Autoridades civiles, autoridades Religiosas y Militares.


El Rey Alfonso XIII lee la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús

TEXTO ÍNTEGRO DE LA CONSAGRACIÓN:


España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverente ante este trono de tus bondades que para Ti se alza en el centro de la península. Todas las razas que la habitan, todas las regiones que la integran, han constituido en la sucesión de los siglos y a través de comunes azares y mutuas lealtades esta gran Patria española, fuerte y constante en el amor a la Religión y en su adhesión a la Monarquía.

Sintiendo la tradición Católica de la Realeza española y continuando gozosos la historia de su fe y de su devoción a Vuestra Divina Persona, confesamos que Vos vinisteis a la tierra a establecer el reino de Dios en la paz de las almas, redimidas por Vuestra Sangre y en la dicha de los pueblos que se rijan por vuestra santa Ley; reconocemos que tenéis por blasón de Vuestra Divinidad conceder participación de Vuestro Poder a los Príncipes de la tierra y que de Vos reciben eficacia y sanción todas las Leyes justas, en cuyo cumplimiento estriba el imperio del orden y de la paz.

Vos sois el camino seguro que conduce a la posesión de la Vida Eterna: luz inextinguible que alumbra los entendimientos para que conozcan la verdad y principio propulsor de toda vida y de todo legítimo progreso social, afianzándose en Vos y en el poderío y suavidad de vuestra gracia, todas las virtudes y heroísmos que elevan y hermosean el alma.


99 AÑOS DESDE QUE ALFONSO XIII CONSAGRÓ ESPAÑA AL SAGRADO CORAZÓN: CUENTA ATRÁS PARA EL CENTENARIO

El 30 de mayo de 1919 -fiesta litúrgica de San Fernando, Rey- el Monarca español Alfonso XIII se desplazó a 13 kilómetros de Madrid para inaugurar el monumento dedicado al Sagrado Corazón de Jesús y consagrar la Nación española a su protección. El acto tenía lugar en el Cerro de los Ángeles, ubicado en el centro de la geografía española.

El Nuncio de Su Santidad, Francesco Ragonesi, bendijo el Monumento. Luego, el Arzobispo de Madrid, Prudencio Melo, presidió la Santa Misa. Antes de la bendición final se leyó un telegrama del Papa Benedicto XV. El nuncio impartió la Bendición Papal y, a continuación, se expuso solemnemente el Santísimo Sacramento.


Estando entonces arrodillados todos los presentes, el Rey Alfonso XIII, de pie, en nombre del pueblo español, hizo lectura solemne de la oración mediante la cual se expresaba públicamente la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús: España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverente ante ese trono de tus bondades que para Ti se alza en el centro de la Península… Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras y en nuestras leyes e instituciones Patrias”.

En la columna que sostiene la imagen de Jesucristo se leen las siguientes palabras: Reino en España. Se daba así cumplimiento a la promesa hecha por el Sagrado Corazón de Jesús al Beato Bernardo de Hoyos –“Reinaré en España”–, a la vez que se materializaba en el país la petición del Papa León XIII al consagrar el género humano al Corazón de Cristo (11 de junio de 1889), expuesta en la Encíclica Annum sacrum.


Explanada del Cerro de los Ángeles hacia el Monumento. Procesión del Santísimo Sacramento

El próximo 2 de diciembre comenzarán los actos conmemorativos del primer centenario de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús que tuvo lugar el 30 de mayo de 1919, por eso, la Diócesis de Getafe ha lanzado dos páginas webs con toda la información necesaria para este gran evento:(corazondecristo.es y cerrodelosangeles.es).

En el Cerro de los Ángeles se encuentra un Monumento al Sagrado Corazón de Jesús que muestra a Cristo con los brazos abiertos. Fue construido en 1919, posteriormente en 1944 se hizo una imagen de mayor tamaño. En la columna tiene inscrito “Reino en España” y en la base del monumento "Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados".


BLASFEMIA EN EL CERRO DE LOS ÁNGELES

Aquel 28 de julio de 1936 unos milicianos (no se sabe muy bien a qué responde ese nombre) intentaban fusilar la fe, lo inmaterial y la esencia del pueblo español. No he encontrado mayor escándalo, odio e ignorancia durante la Guerra Civil que este acto. Por eso lo recuerdo. Es necesario y bueno para la memoria.

El 7 de agosto del 1936 otro grupo de extraños personajes, quizá los mismos, corazón borracho de odio, dinamitaban lo que quedaba del Monumento. Le pusieron de nombre Cerro Rojo.

En las páginas escritas sobre el odio y la indignidad es el hecho más destacado de la Guerra Civil. Esa es la razón por la que no debemos olvidar actitudes que después de más de 80 años algunos asaltacapillas pretenden rememorar.

Es curioso que mientras los milicianos fusilaban la imagen del Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles, el Gobierno de Madrid hacía propaganda en el extranjero afirmando la libertad de cultos y el respeto a la Religión en la zona de su dominio.


Fusilamiento por milicianos republicanos del Sagrado Corazón situado en el Cerro de los ángeles, en Madrid

Es difícil encontrar un acto más absurdo, incoherente y repugnante.

La imagen que se conserva del fusilamiento del Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles es lo suficientemente evocadora. No necesita palabras ni ningún tipo de propaganda. En los años 80 los restos del monumento fueron enrejados para evitar robos y profanaciones.

El nuevo Monumento recién restaurado y también los restos del que fue profanado. Aquello fue una blasfemia, expresión injuriosa contra la fe.

Es historia. Nadie recuerda ya el Cerro Rojo. Es y será siempre el Cerro de los Ángeles, un camino hacia el Cielo.

Aquel lugar, el Cerro de los Ángeles es Carmelo, el perdón y el camino hacia la bondad.



Francisco Javier de la Uz Jiménez



FUENTES CONSULTADAS:





26/5/18

HISTORIA DEL PEÑÓN DE GIBRALTAR

















El Peñón de Gibraltar en la actualidad


Carios II, último Monarca español de la Casa de Austria, murió sin descendencia en 1700, dejando como heredero a Felipe de Anjou, nieto de Luis IX de Francia. Siendo pretendientes al Trono, Felipe de Anjou (el futuro Felipe V) y el Archiduque Carlos de Austria,Rey Carlos III(futuro Emperador Carlos VI); fue una herencia disputada: el Archiduque Carlos de Austria, hijo del Emperador Leopoldo I de Austria, se consideró con derecho al Trono español. En apoyo de las aspiraciones del Archiduque acudieron Gran Bretaña y las Provincias Unidas, que trataron de impedir la unión franco-española y el inmenso poder que concentraría el Rey Sol. La confrontación condujo a la Guerra de Sucesión, conflicto internacional de amplias repercusiones y, para España, una guerra civil de Borbones contra Austracistas que dejó profundas heridas, entre ellas, la pérdida de Gibraltar. En mayo de 1704 una Escuadra anglo-holandesa, al mando del Almirante Rooke, pretendió apoderarse de Barcelona, pero las Tropas fueron rechazadas y Rooke puso rumbo al sur presentándose ante Gibraltar a finales de julio de 1704. Allí, bajo la protección de los cañones de la Escuadra, desembarcaron tres mil Soldados sin que la Guarnición (entre militares y voluntarios, apenas 400) pudiera hacer otra cosa que contemplarles.  




El Almirante Sir George Rooke, Comandante en Jefe de la Flota anglo-holandesa. Gibraltar, agosto de 1704



EL ASALTO

El primer paso para la reducción de Gibraltar “a la obediencia del Rey de España” fue la entrada en la bahía el 21 de julio de una Escuadra, de diez Naves bajo el mando del Contralmirante George Byng, y otras diez bajo el mando del Contralmirante Vanderdussen. La Fuerza de desembarco, compuesta  por ingleses y holandeses en número de 1.800, con el Príncipe Jorge de Hesse-Darmstadt al frente, desembarcó en el estrecho territorio situado al norte de la ciudad para cortar toda comunicación con el enemigo.

El Gobernador don Digo de Salinas, después de que el Capitán General de Andalucía, el Marqués de Villadarias, le negara refuerzos, convencido de que la Flota iba a atacar Cádiz, organizó todas sus Fuerzas en pequeños grupos que situó en varios puntos, pero en el momento que vio desembarcar a la Fuerza de desembarco sobre el istmo – Fuerza que calculó en unos 3.000 a 4.000 hombres- y ver la Flota de 55 Navíos de Rooke, se dio perfecta cuenta de lo desesperado de la situación e intentó una gloriosa resistencia.


























Situación de las Tropas sitiadoras en la Bahía de Algeciras

Más tarde, el Príncipe de Hesse, desplegó rápidamente la Fuerza de desembarco a través del istmo, unos 2.400 hombres sin encontrar oposición salvo por unos 50 hombres a caballo, que rápidamente fueron ahuyentados. Las Tropas necesarias tomaron posiciones a medio tiro de cañón de la ciudad, para cortar las comunicaciones con Cádiz y el resto de España.
























Grabado 1714 alusivo a la toma de Gibraltar por las tropas inglesas

El Príncipe Jorge de Hesse-Darmstadt, representante del Archiduque Carlos de Austria (Carlos III), pidió el 1 de agosto de 1704 a las Autoridades gibraltareñas que reconocieran a Carlos como legítimo aspirante al Trono y abrieran sus puertas. Rechazada la demanda, envió una segunda exigiendo la entrega de la Plaza para evitar su bombardeo y asalto. Se le respondió que eran leales súbditos de Felipe V y que morirían defendiendo Gibraltar. El 2 de agosto, Darmstadt envió una tercera misiva exigiendo la rendición. Como no se produjo, comenzó el ataque. El 4 de agosto, la Guarnición se rindió. Gibraltar había caído en solo tres días. Había costado a los atacantes dos Tenientes, un Capitán mercante  y 57 marineros muertos, siete tenientes, un Contramaestre y 207 marineros heridos. De los cinco mil habitantes y Soldados del Peñón sólo se quedaron 70 civiles, además de algunos Sacerdotes. 






Nadie comprendió con más claridad que el Príncipe de Hesse-Darmstadt el valor estratégico de Gibraltar. Para él Gibraltar no era “la primera ciudad española que había que desmembrar del dominio del Rey Felipe, y obligar a reconocer a Carlos III”, sino el camino a través  del cual el verdadero Rey de España recuperar su herencia. Lo consideró como “una puerta por la que se podía  entrar en España con todo un Ejército”.








Príncipe Jorge de Hesse-Darmstadt (Museo de Bellas Artes San Francisco)


Felipe V no aceptó la pérdida, pero su interés era ganar la guerra y consolidar el Trono, por lo que los intentos por recuperar el Peñón no fueron relevantes. La situación cambiaría en 1711: al fallecer Leopoldo I, padre de Carlos, éste, se convirtió en Carlos VI de Austria y abandonó sus pretensiones españolas, pero la guerra civil siguió en la Península y los británicos convirtieron Gibraltar en su base mediterránea. De nada sirvieron las reclamaciones de que la Plaza había capitulado ante el Archiduque mientras España y el Reino Unido no estaban en guerra. Un atropello respaldado por la fuerza; “un acto de piratería”, según el hispanista británico William C. Atkinson. El robo se convirtió en legal cuando, por la Paz de Utrecht de 1713, Felipe V cedió a Inglaterra “en plena y entera propiedad la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas”; propiedad que “se cede sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta”. El tratado prohibía “la introducción fraudulenta de mercancías” (el contrabando) y la residencia “a moros y judíos”. España tuvo ocasiones para negociar la recuperación, pero primaron otros intereses: en 1718, Jorge I le dijo a Felipe V que detuviera su ofensiva sobre Sicilia y recuperaría el Peñón, pero importó más Sicilia. En 1720, Londres propuso su permuta por la parte española de Santo Domingo, aunque se rechazó. En otros momentos se prefirió el recurso a las armas, cuando Felipe V inició un asedio que duró cinco meses. Al final, ante la imposibilidad de atravesar el istmo, los Mandos españoles optaron por cerrarlo con una muralla de 1.300 metros. 


Felipe V de España



EL TRATADO DE UTRECHT




La Conferencia de Paz de Utrecht comenzó en enero de 1712, habiendo ya llegado franceses y británicos a un acuerdo por el que España debía ceder Gibraltar y Mahón así como conceder el "asiento de negros" en las Indias españolas. Sin embargo, durante la Conferencia, los británicos exigieron la expansión de los territorios que ya controlaban, pidiendo la totalidad de la isla de Menorca (lo que fue concedido por Luis XIV) y un espacio alrededor de la ciudad de Gibraltar equivalente al alcance de dos disparos de cañón. La exigencia de este espacio (une etendue de terre de deux portées de cannon) era el fruto de un nuevo concepto que Gran Bretaña trataba de introducir en el Derecho Internacional: que la posesión de una Fortaleza llevaba aparejada la posesión sobre la extensión de tierra o mar bajo el alcance de sus cañones.

Finalmente, en abril de 1713, se firmó el acuerdo franco-británico, y sólo entonces los plenipotenciarios españoles pudieron unirse a las negociaciones en Utrecht. El 13 de julio firmaron el Tratado de Paz con Gran Bretaña. Los puntos esenciales del tratado habían sido acordados previamente entre británicos y franceses (sin embargo, la cesión del territorio situado a una distancia inferior al de dos disparos de cañón se perdió en las negociaciones directas hispano-británicas).

Además del reconocimiento mutuo de Felipe V como Rey de España y Ana como reina de Gran Bretaña, la cesión de Menorca y la concesión de diversas ventajas comerciales, el tratado, en su artículo X, contemplaba la cesión de Gibraltar.

El Rey Felipe V, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno. [..] dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial ...

El artículo X del tratado no incluía ninguna mención expresa al territorio circundante, declarando que afectaba solamente a "la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen".


EL ASEDIO ESPAÑOL DE 1727 Y SUS CONSECUENCIAS

El fin de la Guerra de Sucesión y la firma de la Paz de Utrecht había dejado profundamente insatisfecho al nuevo Rey español, que hizo de la revisión de los acuerdos de Utrecht en lo relativo a Italia, y de la restitución de Gibraltar y Menorca, los pilares de su política exterior. España se embarcó en varias guerras durante las primeras décadas del siglo XVIII con el objeto de restablecer el dominio español en Italia.

El Rey y el Gobierno británico hicieron, desde 1716, diversas propuestas a Felipe V para restituir Gibraltar, en contrapartida por el mantenimiento de las ventajas comerciales que Utrecht le daba a Gran Bretaña en las posesiones americanas de España, por el abandono por parte de España de sus aspiraciones bélicas o por el trueque con alguna posesión española en América.

La guerra comenzó después de que el Gobierno español enviase una carta al británico en enero de 1727 declarando nulo el artículo X del tratado de Utrecht ante "las infracciones hechas sobre el tratado" por parte del Gobierno británico.

En Madrid, Felipe V convocó a sus Jefes Militares a finales de diciembre. El experimentado Marqués de Villadarias, expuso francamente que la reconquista de Gibraltar era una tarea imposible sin una Armada que le apoyara. El experto ingeniero George Prosper Verboon opinó, por su parte, que el único plan con posibilidades de éxito era un ataque procedente del mar desde el sur. Pero Felipe V oyó al joven Conde de Las Torres, Virrey de Navarra, afirmar algo que le gustaba, y era que él, el Conde, podía tomar la Plaza cuando quisiera logrando reunir una Fuerza para acometer la empresa. El Conde tuvo pocas dificultades en seleccionar para la misión 30 Batallones de Infantería y seis Escuadrones de Caballería, que totalizaban 18.500 hombres a pié  y 700 a caballo. 19 de los Batallones de Infantería, eran mercenarios extranjeros, así como la mitad de las Fuerzas de Caballería.

La guerra no fue declarada formalmente, pero los españoles destacaron un Ejército de más de 18.000 Soldados de Infantería y 700 de Caballería en el Campamento español al norte de Gibraltar, comandados por el propio Conde de Las Torres, y haciéndose cargo el Ingeniero Militar Jorge Próspero de Verboom del Cuerpo de Ingenieros. Siendo el Asedio puramente terrestre, ante el mal estado de la Flota española, aún no recuperada de la derrota en Cabo Passaro, durante la Guerra de la Cuádruple Alianza.


      El 21 de febrero de 1727 comenzó el asedio. El istmo fue el escenario principal de las Operaciones. Inicialmente, las Tropas sitiadoras ocuparon los edificios del istmo y abrieron trincheras entre ellos. Cuatro meses después de su comienzo, el 23 de junio, las Tropas españolas cesaron en sus ataques, aunque no levantaron el sitio.

El 18 de abril de 1728. Finaliza el sitio, y el 21 de junio de 1728. El Rey Felipe V emite un Real Decreto estableciendo que "el terreno comprendido por el alcance de punta en blanco del cañón disparado desde la punta más avanzada de la Plaza, que se regula en setecientas varas, habría de mantenerse neutral sin que se ocupase ni por una ni por otra parte...". El Decreto también declaraba que se trataba de una disposición provisional.


Grabado alemán describiendo el sitio de 1727

Con el fin de evitar estas expansiones, el Rey Felipe V ordenó construir un sistema de fortificaciones a poco más de un kilómetro del Peñón. La orden fue dada el 2 de noviembre de 1730 al director de Ingenieros, Jorge Próspero de Verboom, para la construcción de dos Fuertes, uno situado a levante y otro a poniente del istmo, unidos ambos por una línea de fortificación, con el propósito de impedir el tránsito y hacer prevalecer los derechos sobre el istmo, además de hacer patente la presencia española en la zona, prohibiendo a los barcos ingleses el atraque fuera del puerto de Gibraltar. En 1731 se inició la construcción de los dos grandes Fuertes, llamados de Santa Bárbara y San Felipe. El primero ubicándose en la playa de levante. El segundo se sitúa en la playa de poniente. Entre estos dos Fuertes se construyó una gran muralla central con varias Plazas de Armas en punta de diamante con sus Cuerpos de Guardia respectivos, discurriendo desde Santa Bárbara a San Felipe. Todos ellos, se encontraban situados a una distancia equidistante, llamados de Santa Mariana, San Benito, Semi-plaza de Armas y Cuerpo de Guardia de San José, San Fernando y San Carlos. Esta línea fortificada, finalizada en 1735, fue conocida como la "Línea de Contravalación de Gibraltar” y es el origen de la población de La Línea de la Concepción.




Esta contravalación marcaba el límite norte del territorio neutral entre España y Gibraltar, de 156 hectáreas.







Fortificaciones de La Línea de Contravalación

EL GRAN ASEDIO ESPAÑOL

En el siglo XVIII hubo entre España y Gran Bretaña otras guerras con sus paces en las que hubiera podido recuperarse el Peñón, pero en 1779 se optó por un asedio en que los cañones españoles arrasaron la ciudad. La lucha costó tanta sangre y dinero que escandalizó a la metrópoli, uno de cuyos pensadores, Adam Smith, estimaba disparatada esa política: “Ninguna de las costosas Guarniciones que mantenemos en Gibraltar y Menorca, Plazas arrebatadas a la Monarquía española, nos son necesarias. Tan sólo sirven para distanciarnos de quien debiera ser nuestro aliada natural, el Rey de España, y para unir a las dos ramas de la Casa de Borbón en contra de nuestros vitales intereses comerciales”.

El gran ataque del 13 de septiembre de 1782, famoso por las baterías flotantes, en teoría insumergibles, fue un fracaso total. Los ingleses consiguieron destruirlas con un fuego concentrado y eficaz, empleando balas rojas que las incendió. Las Naves españolas desplegaron en desorden y muchas fuera del alcance eficaz de sus cañones; y debido a la falta de Dotaciones, se completaron las Plantillas con Fuerzas de otras Unidades, faltas de adiestramiento específico y cohesión. Poco después un último Convoy Naval inglés entró incólume en el Peñón, lo que garantizó la defensa.

Gran Bretaña consiguió el control efectivo del Estrecho gracias a su superioridad Naval y posesión del Peñón. Esta situación se prolongó por la ineficacia de las Flotas española y francesa.



Después de la ruinosa guerra de la Independencia (1808 y 1814), España carecería de Fuerzas para plantear nuevos desafíos, lo cual produjo una serie de fenómenos que configurarían la actual morfología gibraltareña y sus hábitos mercantiles. A comienzos de 1815 el Rey español Fernando VII pretendió reconstruir las fortificaciones destruidas cinco años antes por los británicos y restablecer el aislamiento gibraltareño, volviendo al “statu quo” definido por el tratado de Versalles de 1783. La oposición de aquellos, que advirtieron al Monarca español de que considerarían tal reconstrucción como un acto de hostilidad, unida a la bancarrota en la que se hallaba el Reino tras la guerra con los franceses, persuadieron al Rey de desistir de sus propósitos. Únicamente se erigieron unos puestos aduaneros, que no impidieron que el contrabando hacia España se convirtiera, a mediados del siglo XIX en una actividad económica de gran importancia en Gibraltar. En primavera de 1815, una epidemia de fiebre amarilla afectó de nuevo a Gibraltar, por lo que las autoridades británicas construyeron varios barracones como campo de aislamiento en la zona neutral. El 20 de abril de 1815, el Teniente Gobernador de Gibraltar, George Don acordó con el Comandante General del Campo de Gibraltar, el General José María de Alós, que "una gran proporción de los habitantes de Gibraltar que no han sufrido la fiebre se establecieran temporalmente en el terreno neutral, tan cerca como las circunstancias permitieran, al frente de esta Fortaleza". Durante las epidemias que castigaron la Colonia, España instaló servicios hospitalarios en la zona neutralizada... y allí se quedaron; hoy es el campo de aviación.


EXPANSIÓN Y DESARROLLO DE GIBRALTAR


Vista del campo neutral a finales del siglo XIX desde el peñón de Gibraltar. A la izquierda la inundación situada entre al este la carretera a España, que transcurría junto a la orilla de la bahía de Algeciras. En la actualidad, la inundación ha sido rellenada y se alza en su lugar un área residencial, cuyo nombre alude a dicho territorio inundado: Laguna Estate.



En 1908, bajo el reinado de Alfonso XIII, el Ejército británico levantó otra valla aún más lejos del Peñón, delimitando frente a Gibraltar un total de 106 hectáreas de las 156 del espacio neutral. El 5 de agosto de 1908, el embajador británico en España informó al Ministro de Estado español de la intención británica de erigir la nueva valla, en el "borde neutral del territorio británico", careciendo de "naturaleza militar o defensiva". La respuesta española se produjo en febrero de 1909, reclamando acerca de la ubicación de la valla, ante lo que los británicos respondieron en marzo que se encontraba "en territorio británico". Desde entonces, la valla es conocida en España como la Verja de Gibraltar, constituyéndose en la nueva frontera del territorio.

Décadas más tarde, aprovechando que España estaba inmersa en una Guerra Civil, en el territorio anexionado fueron levantadas varias infraestructuras, entre ellas el aeropuerto de Gibraltar, punto clave para el aprovisionamiento inglés en la Segunda Guerra Mundial, con su pista de aterrizaje adentrándose en aguas territoriales españolas. Decenas británicos denunciaron el atropello. El radical John Bright escribía: Gibraltar fue tomado y retenido por Inglaterra cuando no estábamos en guerra con España y su apropiación fue contraria a todas las leyes de la moral y del honor”. ¿Merecía la pena tanta enemistad? Los gestores del Imperialismo británico lo consideraban primordial: Gibraltar fue epicentro de su política mediterránea, control entre dos mares con tráfico comercial y puerta de seguridad para el Canal de Suez. Además, la Colonia era un emporio de riqueza gracias al contrabando de tabaco y algodón.

Según el profesor Antonio Torremocha, el valor de las exportaciones británicas de algodón a los puertos españoles no alcanzaba 15.000 libras en 1830, mientras que las enviadas a Gibraltar ascendían a medio millón de libras; esos tejidos no vestían a los gibraltareños sino que llegaban a España de contrabando, arruinando su industria textil y su Hacienda. En 1835, 3.000 de los 15.000 gibraltareños se dedicaban a la manufactura de cigarrillos.

En la Segunda posguerra Mundial, tras siglo y medio de convivencia pacífica y ruinosa para España, la situación se tensó. El Régimen se opuso a que Gibraltar obtuviera el autogobierno y a la visita de Isabel II al Peñón. En 1956 se presentaron a Londres las condiciones para un acuerdo: España cedería la Base militar al Reino Unido a cambio de la soberanía española. El fallido intento condujo el asunto Gibraltareño ante el Comité de los 24, que se ocupaba de las descolonizaciones. Lo que pudiera decir el Comité le era indiferente al Reino Unido, miembro del Consejo de Seguridad, que tenía un argumento tan oportunista como poderoso: la autodeterminación, a favor de la cual votaron los llanitos en un referéndum verbenero. Amold Toynbee, lo veía de otra manera: “¿Le agradaría al pueblo británico ver una fortaleza rusa o china en Land's End o en las islas del Canal?”. En 1969, el Parlamento británico, ignorando a la ONU, decidió que Gibraltar sería un dominio británico hasta que el Parlamento dijera lo contarlo. En la consiguiente crisis, Madrid canceló los permisos a los 4.778 españoles que entraban en Gibraltar a trabajar; cerró la verja y el ferry; cortó las líneas telefónicas y telegráficas... Para el Campo de Gibraltar, las medidas de activación económica no dieron resultado hasta mucho tiempo después.



ANTE NUESTRAS PROPIAS NARICES

Erik Martel (Embajador de España)

Se han cumplido más de trescientos años de la firma del Tratado de Utrecht por el que la Corona de España cede Gibraltar a la inglesa. Esta cesión se hace bajo determinadas condiciones. Se cede la ciudad y castillo, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, sin jurisdicción territorial y sin comunicación alguna por tierra. Se prohíbe el comercio entre España y lo cedido salvo en casos excepcionales. Finalmente, se proscribe la posibilidad de que Gibraltar pase a  otras manos que no sean las inglesas salvo con el consentimiento de España. Lo cedido tenía una superficie terrestre de cuatro kilómetros y medio. Merced a una política reiterada de introducir la patita de lobo enharinada en el quicio de la puerta, han ido los británicos ocupando terrenos que casi duplican los cedidos. Y hay planes de triplicar la ocupación a través de “rellenos”. De la apropiación de las aguas españolas tenemos noticia semanalmente. En cuanto a las comunicaciones, ahí está la apertura unilateral de la Verja y el floreciente comercio consentido merced al cual existe una próspera economía gibraltareña y no un fardo insoportable para el fisco británico, como se ha demostrado históricamente cuando se ha aplicado el Tratado. Por último, ante nuestras propias narices y con el “paso a paso” que tan buenos rendimientos ha brindado a los británicos, se ha iniciado, con el consentimiento de España, un proceso de independencia soterrado.


Se trata de que Gibraltar, sin dejar de formar parte de los dominios de su Graciosa Majestad como Canadá o Australia, adquiera una independencia de facto sin que España pueda alegar que ha pasado a otras manos pues continúa estando en las de la Corona a la que fue cedido. Muchos se preguntan si no ha llegado el momento de que España, en lugar de consentir, cumpla con lo acordado y aplique imaginativamente las cláusulas del Tratado.

En otro caso, ¿qué sentido tiene mantenerlo vigente? ¿No sería más razonable denunciarlo y plantear ante las Naciones Unidas el conflicto creado por la ocupación no consentida de nuestra soberanía, sometiéndose a la normativa y protocolo reservados para las controversias internacionales?

GIBRALTAR O EL ORGULLO DE LA “PIRATERÍA” BRITÁNICA


La fuente de conflictos entre España y Gibraltar tiene, como punto principal desde el siglo XIX, el contrabando de tabaco y textiles, dirigido contra la industria y la economía española desde el principio. Un ánimo de dañar que sigue vigente en la actualidad a través de otras prácticas parecidas, pero igual de perjudiciales 




UN PARAÍSO FISCAL SOSTENIDO POR OCIEDADES FANTASMAS, BANCOS Y CASAS DE APUESTAS

Tras muchos contactos diplomáticos y ensayos de acercamiento, la verja volvió a abrirse, pero, aparte del tráfico fluido de personas y mercancías, no hubo nada de nada (en la imagen de la portada del diario «The Sun», un ejemplo de cómo están las relaciones entre España y Reino Unido en la actualidad por el Peñón). El Gobierno gibraltareño torpedeaba todo acercamiento entre Londres y Madrid, esgrimiendo su derecho de autodeterminación. Y si en política no hubo avances, en lo económico, lo peor. En Gibraltar viven hoy unas 33.000 personas que disfrutan de una renta per cápita superior a 64.000 dólares, una de las mayores del mundo, y su economía crece un 8% anual. ¿De dónde sale tanta prosperidad? De las más de 24.000 sociedades fantasmas allí radicadas, como los bancos británicos, las casas de apuestas, las consultorías internacionales más famosas, y millares de empresas que necesitan poco espacio, un personal mínimo especializado y una baterías de ordenadores. Gibraltar —el debate está abierto—es un paraíso fiscal, con la mitad del IVA, un IRPF que no llega al 50% del español, asombrosos beneficios societarios e impuestos inferiores a un tercio de los de la Unión Europea. El profesor José Ramón Pin Arboledas, explica que el PIB de Gibraltar es de unos 2.100 millones de euros, pero esa cifra es inferior a la real porque “no está contabilizado el fuerte contrabando de tabaco, que no se encuentra registrado, ni el suministro en el mar de combustible a través de buques tanque, que no tributan, ni operaciones financieras de blanqueo de dinero, que por razones obvias no se contabilizan”. Gibraltar es un lugar poco atractivo para vivir, por eso la buena sociedad gibraltareña gana su dinero en el Peñón, tributa allí y vive en las urbanizaciones del sur andaluz, para lo cual tratan de dilatar la actual bicoca.






Francisco Javier de la Uz Jiménez


FUENTES CONSULTADAS:


El Peñón de la Discordia, por George Hills. Editorial San Martín

David Solar, historiador y periodista. LA RAZÓN

Los españoles olvidados en la defensa de Gibraltar, por José Antonio Crespo-Francés. El Espía Digital