ESE EJÉRCITO QUE VES.
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a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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30/7/17

ELOGIOS DEL PODEMITA AL COMUNISTA SOVIÉTICO




Lección de Historia para Pablo Iglesias, ¿cuál fue la realidad de Lenin?



Juan E. Pflüger

España / 27 Julio, 2017



Pablo Iglesias, líder de Podemos, elogia “la capacidad de Lenin de convertir lo imposible en real”. La Gaceta le recuerda cuál fue la realidad implantada por el líder comunista soviético

Este miércoles el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, han participado en una conferencia en el Círculo de Bellas Artes con el título “Tiempos salvajes. A cien años de la Revolución soviética”. En su charla, Iglesias ha elogiado “la capacidad de Vladímir Lenin de convertir lo imposible en real”.

El líder de Podemos ha ensalzado el “genio bolchevique”, que ha definido como la llave política para abrir las puertas de la historia”. Ha considerado que Lenin es el mejor legado de la revolución rusa al “construir una teoría política para ganar”. También ha ensalzado a Lenin por demostrar que “la política puede ganar a la historia” al elaborar “una ciencia política para los de abajo más potente que la de los de arriba”.

Iglesias no ha dudado en afirmar que Lenin es un genio de la conquista del poder político” y ha valorado como una de sus principales aportaciones la “capacidad bolchevique para ganar y derrotar a enemigos imbatibles”.

Ante estas afirmaciones, solamente cabe explicar al exprofesor de Política de la Complutense quién fue Lenin y cuáles fueron sus realidades. Cómo dio un golpe de Estado contra la democracia que decía apoyar y las consecuencias que tuvo para la Unión Soviética a partir de entonces.

Los crímenes de Lenin

Por si Iglesias desconoce realmente lo que supuso la represión llevada a cabo por Lenin, vamos a explicarle cómo fue y en qué consistió.

Tras la revolución de febrero de 1917 se impuso un Gobierno formado por mayoría de socialistas moderados de los partidos Socialista Revolucionario y Constitucional Demócrata. Su presidente era Kerensky, que no quería permitir la entrada de los bolcheviques de Lenin en el Ejecutivo porque eran radicales, porque no tenían más del 15% de los votos y porque solamente tenían presencia en Moscú y Petrogrado.

Pese a su escasa representación electoral, Lenin ordenó en el mes de julio un primer golpe de Estado que fracasó, pero que le mostró los errores que no debería cometer nuevamente en la segunda intentona. Finalmente entre los meses de octubre y noviembre dieron el golpe definitivo con el que impusieron la dictadura del proletariado que asoló la Rusia soviética durante más de siete décadas.

El 24 de octubre la capital de Rusia, Petrogrado, amaneció ocupada por los milicianos de la Guardia Roja. Un día después tomaban el Palacio de Invierno, antigua residencia de los Zares y en ese momento sede del Gobierno y el Parlamento ruso, forzando la huida de Kerensky y de todos sus ministros que fueron sustituidos por un gabinete presidido por Lenin y formado por ministros bolcheviques.

En este ambiente de control bolchevique, Lenin convocó unas elecciones. Pero las perdió, obteniendo el 24% de los votos frente al 40% de los eseritas. No respetó los resultados y mantuvo el Consejo de Comisarios del Pueblo (Sovnarkom), que fue inmediatamente reforzado por un servicio de Policía política secreta denominada ChK y a cuyo frente puso al siniestro Feliks Dzerzhinski.

Uno de los primeros decretos tras este segundo golpe de Estado fue el que modificaba el Código Penal e introducía la figura de “enemigo del pueblo”, es decir: “todos los individuos sospechosos de sabotaje, especulación, oportunismo…” que podrían ser detenidos inmediatamente y puestos a disposición de la nueva Policía política, no de los jueces.

En diciembre ilegalizó el Partido Constitucional Demócrata (KD) y sus principales dirigentes fueron detenidos, pero los Socialistas Revolucionarios (SR) -que seguían siendo la principal fuerza política en Rusia- se oponían a los brutales métodos de control social que pretendía imponer Lenin, en esa revolución que tanto anhela Garzón.

Acto seguido desplazó a importantes contingentes de la Guardia Roja a Petrogrado con la única misión de detener a los miembros del SR acusándolos de ser enemigos del pueblo. Una ironía cuando eran los miembros del partido que más apoyo popular tenían, especialmente entre los trabajadores no cualificados.

Cuando el 18 de julio se iniciaban las sesiones de la nueva Asamblea, diputados y simpatizantes del SR y de los comunistas críticos con Lenin, los mencheviques, organizaron una marcha pacífica hacia la sede de la Asamblea, pero la Guardia Roja abrió fuego contra ellos causando un centenar de víctimas, en su mayoría mujeres y ancianos.

Pese a los disturbios que se multiplicaban por todo Petrogrado, los diputados acudieron a la Asamblea, en la que los bolcheviques eran una minoría pese a controlar el poder, y se eligió una Cámara presidida por Víktor Chernov, miembro del SR. En protesta los bolcheviques abandonaron la Asamblea, que quedó disuelta. De esta manera el Gobierno de Lenin quedaba sin control.

El terror para imponer el comunismo

Pablo Iglesias debería prestar atención a la evolución que a partir de ese momento toma el régimen soviético bajo el mando de Lenin. Los bolcheviques tenían fuerza en las dos principales ciudades rusas: Moscú y Petrogrado, pero apenas eran representativos en el resto del inmenso territorio del país. Por eso, la ChK recibió órdenes de imponer allí la dictadura del proletariado usando el terror como método de sometimiento. Las acciones más siniestras se registraron en Ucrania, Crimea, Kubán y el Don. Allí se asesinó a miles de personas por los métodos más brutales: decapitaciones, gaseamientos, fusilamientos, castraciones, cremaciones en vivo,…

Una vez instaurado el terror en esas zonas tocó el turno de limpiar Moscú. Como Lenin había explicado unos meses antes: “A menos que apliquemos el terror a los especuladores -una bala en la cabeza en el momento- no llegaremos a nada”. En abril de 1918 se produjeron las primeras grandes redadas y ejecuciones en Moscú: 520 políticos opositores fueron detenidos, la mayoría ejecutados. Al mes siguiente se cerraron más de 200 periódicos en toda Rusia.

La ChK tenía ya 12.000 agentes repartidos por toda Rusia, estaban en franca expansión. Un año después superarían los 200.000 agentes con sedes propias -con salas de tortura y celdas- en las principales ciudades del país.

El mes de julio Lenin ordenó el asesinato de toda la familia Real rusa: el Zar Nicolás II, la zarina, su hijo, el príncipe heredero, las cuatro hijas y cinco empleados. Durante muchos años se negó el crimen, que la sociedad no iba a aceptar, y se explicó que se encontraban detenidos en un lugar seguro y secreto.

El 9 de agosto Lenin daba la orden de formar una troika dictatorial para “implantar el terror de masas, fusilar o deportar a las prostitutas que hacen beber a los soldados, a todos los antiguos oficiales (…), requisas masivas (…), deportaciones en masa…”. Seis días después firmaba órdenes de detención de todos los líderes del resto de partidos políticos. Los pocos restos de la democracia implantada en la revolución de febrero eran borrados de un plumazo.

Entre septiembre y octubre, la ChK asesinó a más de 15.000 personas, el triple de las ejecuciones cometidas por el zarismo en el último siglo.

Llegados a este extremo, sin posibilidad de una vía política, todas las fuerzas de la oposición contra los bolcheviques se unieron en una guerra civil para poner fin al terror rojo que ya se había impuesto en el país.

La guerra civil terminó con casi 12 millones de víctimas. Tres de ellos corresponden a muertos en acciones de guerra, cinco millones de muertos por hambre, dos millones de muertos por represión tras las conquistas del Ejército Rojo de ciudades y otros tantos muertos por enfermedades infecciosas, especialmente por una epidemia de tifus.

Mientras que el Ejército Rojo cometía todo tipo de atrocidades sobre las poblaciones conquistadas, la ChK desarrollaba archivos sobre todos los habitantes de las ciudades, a la vez que se construían los primeros campos de concentración, que en 1922 albergaban a más de un millón de presos.

Mientras todo esto ocurría, los pequeños propietarios agrarios habían sido masacrados. Los kulaks estaban siendo asesinados, bien por la ChK o por una lenta condena a muerte por hambre. Son muy significativas las palabras de felicitación que envía Lenin a Semashko, comisario de Salud, el 20 de agosto de 1919: “Le felicito por la exterminación enérgica de los kulaks”.



Francisco Javier de la Uz Jiménez



27/7/17

DUNKERQUE, LA BATALLA DESCONOCIDA DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL













En estos días, se está estrenando en los cines de España la película DUNKERQUE – me gustó, está bien realizada, pero no deja de ser una película – cuenta la historia real de la retirada de las Tropas Aliadas de tierra Francesa a través del Estrecho de Calais para alcanzar la costa británica.





En junio de 1940, unos 330.000 Soldados aliados rodeados por el demoledor avance nazi lograron ganar la costa inglesa, en una retirada que marcó el devenir de la Segunda Guerra Mundial

La que se convertiría en la Segunda Guerra Mundial estaba casi dando sus primeros pasos. Tras la invasión de Polonia, en septiembre de 1939, siguieron ocho meses de calma tensa (la conocida como drôle de guerre, la guerra de broma o guerra falsa) que terminó con el ataque alemán a Dinamarca y Noruega, en abril de 1940. Pero durante esa supuesta calma la idea de Hitler no era otra que la de avanzar hacia el oeste para dar el primer gran golpe: la conquista de París. El Führer, envalentonado tras la velocísima toma de Polonia, pretendía hacer lo propio con Francia, pese a lo incomparable de un rival y otro, y durante esos meses se barajaron varias opciones para sortear la histórica línea Maginot y lograr el objetivo lo antes posible, al calor de la Blitzkrieg, la famosa “guerra relámpago”.

En el Bando aliado, por su parte, existía el convencimiento de que la invasión alemana se produciría a través de Bélgica o más al norte, para evitar las zonas más accidentadas y cuya orografía complicaría el avance. Sin embargo, el grueso del Ejército nazi penetró precisamente por Luxemburgo y la región de las Ardenas, desplegando una fracción menor de sus efectivos en el área esperada por los aliados y que actuó a modo de señuelo. Así, el 10 mayo de 1940 y en cuestión de unas pocas semanas, Alemania invadió prácticamente a la vez Bélgica, los Países Bajos y Francia. Hitler contaba con sufrir un millón de bajas en sus filas para cuando la esvástica ondeara en París; sin embargo, las estimaciones más aceptadas contabilizaron unos 27.000 caídos. Pero el que fue el gran triunfo del Ejército alemán en la guerra tuvo algo de pírrico a largo plazo, en un escenario inesperado y poco reconocido hoy en día: las playas de Dunkerque.

En esas playas terminaron acorralados más de 338.000 Soldados británicos, franceses y belgas, que vieron en el puerto galo la mejor vía de salida para una retirada que no ofrecía alternativa. La pinza del Ejército alemán, empujando desde el norte y sobre todo desde el sur, condenaba al Bando aliado a la huida hacia las islas británicas como única alternativa a la rendición. Al General Lord Gort, al mando de la Fuerza Expedicionaria Británica (FEB), se le atribuye la decisión de organizar la llamada Operación Dynamo, en contra de la opinión francesa de ofrecer resistencia hacia el sur para intentar conectar con el resto de las Fuerzas aliadas, aisladas al otro lado de la potente línea alemana, el Grupo de Ejércitos A.

La huida hacia las Islas Británicas, sin embargo, no hubiera sido posible sin una decisión aún hoy inexplicada: la que llevó a Hitler a frenar el avance de esas Tropas, que tenían el grueso de sus temibles Panzers, durante 48 horas. La teoría más aceptada es que los Mandos nazis consideraron que el Grupo de Ejércitos B, proveniente del Norte, sumado a la potencia de la Luftwaffe, se bastaría para aniquilar a las acorraladas Fuerzas aliadas. Además, el terreno tampoco era el idóneo para los Carros de Combate, que serían más necesarios en las operaciones de expansión hacia el Sur. Sea como fuere, entre el 24 y el 26 de mayo de 1940 el Grupo de Ejércitos A alemán, que estaba más cerca de Dunkerque que las Tropas aliadas, se detuvo. Visto en perspectiva, es más que probable que sin esos dos días de pausa no hubiera habido escapatoria para los 338.000 Soldados aliados. Teniendo en cuenta que la gran mayoría de ellos eran británicos, Hitler habría tenido una enorme baza para negociar la rendición por parte de Churchill.

Durante los dos primeros días de la evacuación, el 27 y 28 de mayo, 25.000 Soldados escaparon de Dunkerque; en los cuatro días siguientes se produjo el grueso de la Operación, con más de 234.000 hombres cruzando el estrecho de Calais. Muchos lo hicieron en barcos de la Royal Navy, como el Crucero ligero HMS Calcutta o alguno de los 39 Destructores desplegados, pero otros lo consiguieron a bordo de embarcaciones civiles, que acudieron en ayuda de una Marina que no daba abasto para transportar tantos hombres. Barcos de pesca, remolcadores, ferries e incluso un vapor, el Medway Queen, que realizó siete trayectos de ida y vuelta transportando un total de 7.000 soldados.

El 4 de junio concluía la operación con alrededor de 338.000 evacuados, unos números espectaculares en contraste con las previsiones iniciales, que se movían entre los 30.000 y los 45.000 hombres. Ese mismo día Churchill se dirigía a la Nación con un mensaje muy claro: las guerras no se ganan con evacuaciones. También dejó el que seguramente fue su discurso más recordado, las famosas frases del We shall fight on the beaches:

"We shall go on to the end. We shall fight in France, we shall fight on the seas and oceans, we shall fight with growing confidence and growing strength in the air, we shall defend our island, whatever the cost may be. We shall fight on the beaches, we shall fight on the landing grounds, we shall fight in the fields and in the streets, we shall fight in the hills; we shall never surrender."

(Seguiremos hasta el final. Lucharemos en Francia, lucharemos en los mares y océanos, lucharemos cada vez con más confianza y más fuerza en el aire, defenderemos nuestra isla, sea cual sea el precio a pagar. Lucharemos en las playas, lucharemos en los campos de desembarco, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas; nunca nos rendiremos.)

A los pocos días caería Francia entera, atacada por Italia también desde el Sur, pero lo logrado en Dunkerque consiguió que Gran Bretaña se mantuviera a flote, sumando además simpatías palpables en la opinión pública y la prensa norteamericanas.


EL MILAGRO DE DUNKERQUE

Así se bautizó la denominada Operación Dinamo, durante la cual más de trescientas mil tropas francesas, británicas, belgas y canadienses escaparon de la invasión alemana desde las playas cercanas a Dunkerque, entre el 29 de mayo y el 4 de junio de 1940.
FOTO: AP





























DESTINO DOVER

Se establecieron tres rutas para la evacuación de Dunkerque. La más corta, la ruta Z (72 km), contaba con el peligro de estar muy expuesta al bombardeo de las baterías costeras alemanas.
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EL PELIGRO DE LAS MINAS

La ruta X era algo más larga, 102 km. Aunque evitaba la costa y por tanto los ataques de artillería, afrontaba el peligro de las minas submarinas. Para solventarlo fue imprescindible el papel de los buques dragaminas. En esta imagen, mientras los barcos del fondo transportan soldados, los que están en primer plano barren la zona en busca de minas enemigas.
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CUATRO HORAS DE EXPOSICIÓN

La tercera ruta (la Y, con 161 km) era con diferencia la más larga. Sus mayores peligros eran los buques enemigos, los submarinos y la Luftwaffe.
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39 DESTRUCTORES PARA DUNKERQUE

Esa es la cantidad de embarcaciones de ese tipo, pertenecientes a la Royal Navy, que colaboraron en la evacuación de Dunkerque. 19 de ellas fueron dañadas, y otras seis acabaron hundidas.
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CADA EMBARCACIÓN CUENTA

Sin importar el tamaño, la velocidad o las prestaciones, cualquier barco capaz de sortear el canal de la Mancha fue bienvenido. En pequeñas naves de todo tipo (barcos de arrastre, vapores, yates, botes a motor...) los aliados consiguieron huir del cerco nazi.
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EN CONSTANTE MOVIMIENTO

El estrecho de Calais fue un hervidero de barcos a finales de mayo y principios de junio de 1940. En esta imagen del 3 de junio se aprecia la cantidad de navíos desplegados en la orilla francesa.
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HUYENDO A NADO

Si no había disponibilidad de barcos pequeños para poder llegar a los más grandes, los soldados tenían que hacerse al mar para poder embarcar, como en el caso de este vapor escocés que espera a las tropas a cierta distancia de la costa.
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LA AMENAZA AÉREA

Tanques de petróleo arden en las inmediaciones del puerto de Dunkerque. La temible Luftwaffe fue la fuerza designada por Hitler para detener la evacuación aliada.
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UN BOMBARDEO CONSTANTE

La retaguardia de las tropas británicas pasa por una calle del puerto de Dunkerque mientras la Luftwaffe bombardea la ciudad. A la derecha, un camión arde víctima del fuego aéreo.
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EL PAPEL DE LAS EMBARCACIONES MÉDICAS

Hasta ocho barcos hospital se desplegaron en la zona para recoger heridos. Uno de ellos fue hundido por la artillería nazi, pese a llevar el emblema de la Cruz Roja.
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ÚLTIMO DÍA EN DUNKERQUE

Tanto el puerto en sí como las playas adyacentes sirvieron de embarcadero para evacuar las tropas. El 4 de julio la operación culminó con unos 338.000 soldados rescatados. Un auténtico éxito que marcaría el devenir de la Segunda Guerra Mundial.
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ÚLTIMO DÍA EN DUNKERQUE

Miles de soldados aliados esperan el momento de zarpar hacia Inglaterra. Se estima que el 4 de julio, último día de la evacuación, salieron de Francia 26.175 hombres.
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ADIÓS, FRANCIA

Un grupo de la FEB, la Fuerza Expedicionaria Británica, se despide de la costa francesa mientras otros barcos arden en la orilla.
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LLEGANDO A CASA

Un total de 861 embarcaciones diferentes, 693 de ellas británicas, unieron sus fuerzas entre el 27 de mayo y el 4 de junio para llevar sanos y salvos a tierra inglesa a centenares de miles de soldados.
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EN SUELO INGLÉS

Un grupo de soldados, al poco de llegar a puerto británico y estar finalmente a salvo.
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DUNKERQUE, UNA CIUDAD ARRASADA

Los edificios de Dunkerque sufrieron las consecuencias de la aviación nazi, como muestra fehacientemente esta imagen tomada el 8 de junio de 1940. Al parecer, los bombardeos ocurrieron durante la evacuación aliada de Flandes.
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DESPUÉS DE LA TEMPESTAD

Testigo silencioso de la exitosa evacuación, un barco británico permanece en el puerto de Dunkerque en esta imagen del 3 de agosto de 1940, como prueba de la batalla librada contra los alemanes.
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PUERTO FANTASMA

Tras la batalla, el silencio se apoderó del puerto de Dunkerque. El 1 de octubre de 1940, meses después de la evacuación, las grúas de carga (A), los edificios del muelle (B), los almacenes y las boquillas seguían vacíos.
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LORD GORT, EL ARTÍFICE DE LA EVACUACIÓN

El general John Gort, Comandante en Jefe de la Fuerza Expedicionaria Británica, fue quien ideó la Operación Dínamo, el plan de evacuación para las tropas británicas y el equipo del puerto francés de Dunkerque, en mayo y junio de 1940.
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Francisco Javier de la Uz Jiménez