ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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24/4/17

LA BATALLA DE GUADALAJARA (II)



















Hace 80 años:       

Guadalajara, Marzo de 1937   
       

¿Derrota o Empate?

Al amanecer del día 8 de marzo de 1937, un equivalente de 10 Grupos de Artillería, unas 120 piezas, de calibres que iban desde 65 mm, para las piezas de acompañamiento, hasta 149 mm para las piezas de Artillería en el escalón Cuerpo de Ejército, abrieron fuego durante una media hora, sobre la línea defendida ligeramente por la 12ª División del Ejército Popular Republicano, que estaba mandada por el Coronel de Ingenieros, y del Cuerpo de Mutilados, Víctor Lacalle, y contaba con poco más de 10.000 hombres y tres Baterías de Artillería ligera. Las Fuerzas republicanas fueron sorprendidas, a pesar de que habían detectado los movimientos de Tropas en la zona nacionalLa batalla de Guadalajara había comenzado.


Escenario donde se desarrolló la batalla y situación de las grandes Unidades que tomaron parte en ella.

Fue la 2ª División, Fiamme Nere, del General Coppi, la que rompió el frente, y comenzó a avanzar con rapidez, pero en la localidad de Almadrones encontró una resistencia inesperada por parte de unos 400 hombres apoyados por un pelotón de 2 carros rusos T-26, que les detuvieron e impidieron tomar el pueblo durante unas horas, ralentizando la ofensiva, y neutralizando o averiando varios carros L3, y siendo necesario recurrir a emplazar una Batería de 65 mm para eliminar a los carros rusos con puntería directa.



















Italianos del CTV atrincherados entre Almadrones y Masegoso


Bajo unas condiciones climatológicas terribles, y con temperaturas bajo cero, lluvia y nieve, tras un cambio de tiempo que cogió por sorpresa a las Tropas italianas y nacionales, aunque estos temporales ocurren a veces en la mitad norte de España cuando el invierno está acabando, las Fuerzas italianas lograron avanzar unos 20 kms en el territorio enemigo, a pesar de tener una visibilidad, en algunos momentos, de sólo pocos metros. Sin embargo, debido a estas condiciones, no pudieron contar con ningún apoyo aéreo. Ya al día siguiente, 9 de marzo, siguieron su avance, ocupando Almadrones, pero de nuevo con escasa visibilidad para maniobrar, lo cual permitió que las Fuerzas republicanas tuvieran pocas bajas y se retiraran con cierto orden, no obstante llegando ya a Brihuega, tras una decidida y enérgica marcha nocturna de 15 kms, del 5º Regimiento italiano al mando del Coronel Enrico Francisi, y tomando el pueblo al amanecer. La ofensiva, sin embargo, no se desarrollaba a la velocidad que se esperaba.    

El 10 de marzo los italianos reanudaron su ataque, pero, de nuevo el avance italiano era lento debido al mal tiempo con lluvia y niebla, que dificultaba que los carros ligeros y los vehículos de ruedas pudieran moverse y maniobrar con efecto decisivo en el campo de batalla. Aquí se reveló ya que la movilidad italiana no era tal, ya que tanto los pequeños carros de combate, como los camiones experimentaban grandes dificultades fuera de caminos, especialmente con el terreno tan enfangado como estaba a consecuencia de la lluvia continua que caía desde el atardecer del día 7.

A pesar de ello, considerando que, en alguna forma, se estaba teniendo éxito, el Mando italiano adelantó la operación de paso de escalón, y la 3ª División, del General Nuvoloni, inició la marcha, en dirección hacia Torija. La 2ª División se dirigió hacia Brihuega, y desde ahí, también hacia Torija. En reserva quedaban la 1ª y la 4ª Divisiones. El día 11 de marzo marcó la línea de máximo avance italiano.


Soldados italianos del CTV durante la batalla de Guadalajara


La División española Soria había conseguido llegar a Jadraque pero avanzaba lentamente también. En el Jarama, como cabía esperar y no sorprenderse, nadie se había movido, aunque Roatta reclamaba insistentemente el esperado ataque nacional. Miaja, en esos momentos, entendió a la perfección cual era el objetivo nacional, y ordenó enviar todas las Fuerzas posibles a la zona de Torija-Brihuega, especialmente los carros de combate, de modo que ya el día 11 se encontraban en el frente la 11ª Brigada Internacional (Hans Kahle), la 12ª Internacional (Lukacs), y la Brigada de Carros de Combate que mandaba el General soviético Pavlov. En Guadalajara se concentró además la Brigada de Valentín González, “El Campesino”, como Reserva. Para colmo, la Aviación republicana, desde aeródromos en la zona de Madrid, donde no llovía, comenzó a atacar el despliegue italiano, y especialmente las carreteras en donde se acumulaban los vehículos y los carros de combate, aprovechando que la Aviación nacional no actuaba. La confusión que se originó fue tremenda.


Efectos producidos por la Aviación republicana al CTV en la carretera de Guadalajara


El día 12, Roatta decidió adelantar la 1ª División, y también la 4ª, la Littorio, relevando a las otras Divisiones, con lo cual empeñaba las reservas y se podía decir que la ofensiva llegaba a su fin. Entre los días 12 al 17 de marzo, el CTV se mantuvo a la defensiva y no realizó ya ningún movimiento, pero sorprendentemente no se procedió a organizar el terreno ni a efectuar ningún trabajo de fortificación. Por supuesto, en todo este tiempo la Aviación nacional estuvo totalmente ausente y tampoco hubo ninguna otra acción. La División Soria se mantuvo en sus posiciones y no realizó ninguna acción en beneficio de las Fuerzas italianas.

El mismo día 12, el Mando republicano reorganizó sus Fuerzas que ahora ya alcanzaban la entidad de un Cuerpo de Ejército, al mando de un profesional, el Teniente Coronel Jurado, gracias a las Unidades que se había podido retirar del frente del Jarama, dada la ausencia de actividad nacional allí. Estas fuerzas eran la 12ª División, bajo el mando del comunista italiano Nino Nanetti, que había sustituido al Coronel Lacalle, la 11ª División, al mando de Enrique Lister, también comunista, y la 14ª División, mandada por el anarquista Cipriano Mera, además de la Brigada de Carros de Combate de Pavlov, y otros apoyos. 


                                       

Nino Nanetti                                                                     General Dmitri Grigórievich Pávlov 


Estas Fuerzas pasaron al contraataque, y aunque inicialmente, el 13 de marzo, la División Littorio aguantó en Trijueque el empuje republicano, tuvo que replegarse finalmente, pero pudo hacerlo de manera ordenada. Sin embargo la 3ª División había dejado prácticamente de existir, sus restos retirándose precipitadamente, y con su General, Luigi Nuvoloni, cesado y enviado directamente de regreso a Italia desde el mismo frente. En Brihuega, el 14 de marzo, un Batallón de la 1ª División, con un par de piezas de 65 mm, al mando del Comandante Montanari, resistió heroicamente, en el Palacio de Ibarra, el asalto de la 12ª Brigada Internacional10 con apoyo de carros de combate. Resultaría un sacrificio estéril; no hubo prisioneros. Todos los Soldados italianos fueron asesinados o fusilados en el acto, incluido su Comandante.


Prisioneros italianos en Torija saliendo de un edificio

Las Fuerzas republicanas con gran apoyo aéreo y de carros de combate iniciaron una contraofensiva el día 18 de marzo, pero esta vez las tropas italianas se replegaron con cierto orden, siempre con la División Littorio protegiendo el repliegue, e incluso realizando pequeños contraataques que retrasaban la progresión republicana. En numerosas ocasiones el propio General Bergonzoli dirigió personalmente el repliegue desde la posición más retrasada, siendo el último en retirarse.















POLIKARPOV I-15   El Chato















Regimiento de carros soviéticos T-26, recibidos por la República de la Unión Soviética

Las operaciones cesaron el 22 de marzo, y para el día 26 el CTV italiano había sido retirado del frente. Los Generales Rossi y Coppi fueron también cesados en el Mando y reenviados a Italia. Bergonzoli fue el único General que permanecería en España y que salvó el honor de las tropas italianas. Roatta continuó también durante un tiempo, aunque sería finalmente sustituido por el General Ettore Bastico, y el Coronel Faldella regresaría también a Italia, siendo reemplazado por el Coronel Gastone Gambara, quien acabaría mandando el CTV y llegaría a participar en la campaña de Cataluña. Gambara estaría al Mando de las Tropas italianas que desfilaron en Madrid en mayo de 1939, en el gran desfile de la Victoria que presidió el General Franco.

Sorprendentemente, el Mando republicano también cesó las operaciones el día 22, y se conformó con el resultado obtenido, sin explotar el éxito ni perseguir al enemigo que se replegaba. No consolidó su victoria ni supo sacar partido de ella. Prácticamente las líneas del frente quedaron casi como estaban antes del 8 de marzo.

La batalla de Guadalajara había durado unas dos semanas, y ciertamente había sido un fracaso del Bando nacional, pero no había sido ni el gran fracaso ni la gran derrota de que presumía el Bando republicano, ni de la que sigue presumiendo hoy todavía la izquierda. La Republica, quizás, había retrasado su fin, e impedido que Madrid fuera conquistado, pero nada más. Ni el Ejército nacional había sido aniquilado ni se habían movido los frentes.  Por el contrario el Ejército Popular había perdido una gran ocasión y no había sabido aprovechar su éxito táctico.

El planeamiento del Mando italiano había resultado ser superficial, hecho con apresuramiento, y basado en una información incompleta. La ejecución de una Operación ofensiva basada en la movilidad, como la había pensado el General Roatta, requería una superioridad aérea casi absoluta, Fuerzas acorazadas y motorizadas muy capaces, y unas Tropas altamente instruidas y motivadas. Nada de esto lo poseían los italianos, especialmente la superioridad aérea, de la que carecieron durante toda la batalla debido al mal tiempo. Además, las otras fuerzas del Ejército nacional no cooperaron en la debida medida. Los carros de combate soviéticos, muy superiores a los italianos, impidieron la actuación de las ligeras Fuerzas acorazadas italianas, y obligaron a la Infantería a retirarse, pero, sin embargo, no llegaron nunca a explotar su éxito.  



















Artillería republicana en la Batalla de Guadalajara

Una victoria italiana en Guadalajara hubiera beneficiado inmensamente a la ideología fascista y, posiblemente, habría contribuido a cimentar un cierto liderazgo de Italia en el sur de Europa. La falta de información de que adolecieron los italianos les llevó a no tener en cuenta o a ignorar la presencia de nuevos refuerzos y material proporcionado por los soviéticos, a los republicanos en el frente de Madrid. Del mismo modo, ignoraron los pronósticos sobre el tiempo, quizás convencidos en su fuero interno de que en España no podía hacer frio ni menos nevar en el mes de marzo.


Avance por la N-II. Un obús italiano remolcado por un tractor Pavesi Lt-31      (Bundesarchiv)

Guadalajara, sin embargo, proporcionó experiencias y lecciones interesantes, pero no parece que el Estado Mayor italiano las tomase muy en serio, de cara a lo que acontecería posteriormente en la Segunda Guerra Mundial.  En una valoración11  de los combates ocurridos en Guadalajara, por el Coronel italiano Carlos Rivolta, que mandó las Unidades de carros en esa ocasión, se puede leer: “En Guadalajara, una División móvil del Ejército Italiano ha llevado a cabo una operación mecanizada; ha resultado bloqueada por la Infantería enemiga desde posiciones defensivas, ha sido puesta fuera de combate por ataques desde el aire, y consiguientemente, aniquilada mediante ataques de carros enemigos con apoyo de Infantería” lo que en Italia se entendió como que “Fuerzas acorazadas actuando de forma independiente no podrían sobrevivir en el campo de batalla moderno, y que la tecnología de medios contracarro disponible era superior a la de los carros de combate en servicio, a pesar de lo cual carros de combate actuando con apoyo de Infantería podían superar y derrotar a una fuerza exclusivamente mecanizada”. Rivolta, en cualquier caso, fue también uno de los Oficiales cesados y reenviados a Italia, tras la batalla.

Guadalajara puede, y debe, ser considerada como la primera Operación de Fuerzas mecanizadas o acorazadas de cierta entidad de relieve, que tuvo lugar en un campo de batalla. Los primeros encuentros o combates entre carros que se sucedieron en el otoño-invierno de 1936, en torno a Madrid, fueron encuentros casuales en los que los carros actuaban en exclusiva como un apoyo más de la Infantería. Pero, en Guadalajara las cosas resultaron diferentes. Hubo intentos de presentar Guadalajara como un ensayo fracasado de la guerra mecanizada, y una exposición de sus defectos más sobresalientes pero, aun así, hay que tener en cuenta que la masa de Fuerzas empleadas era exclusivamente Infantería, en ambos Bandos, que, en algunos casos, era simplemente transportada en camiones, y debía desmontar de los mismos para atacar al adversario o desplegar. Resulta más apropiado hablar, por lo tanto, de Infantería motorizada, cuyos vehículos, en cualquier caso, no eran ni siquiera aptos para el movimiento campo a través, ni eran todo terreno en absoluto.

Aún se tardaría un tiempo en demostrar que la valoración hecha por los italianos en Guadalajara estaba equivocada, como demostrarían los alemanes, pero, en 1937 no muchos se atrevieron a refutarla. La realidad era que el carro italiano L3 CV33/35 era muy inferior al soviético T-26, y que la movilidad de los vehículos de ruedas era muy reducida en condiciones de lluvia copiosa o nieve, a lo que había que añadir la falta de experiencia de los conductores, tanto de los carros como de los camiones. 



Avance italiano hacía Guadalajara llevado a cabo con carros CV L-3, muy inferiores a los carros T-26 rusos del Ejército republicano

Los combates en torno a Madrid durante el invierno de 1936 habían probado claramente la inferioridad del material italiano. Tras Guadalajara, los carros L3 se limitarían a realizar maniobras secundarias o a fijar por el fuego de sus ametralladoras a aquellos carros republicanos que estuvieran averiados o detenidos, pero sin atacarlos directamente, y en numerosas ocasiones se les agregarían cañones contracarro para facilitar su defensa contra los medios soviéticos. El carro italiano era mucho más ágil y veloz que el T-26, pero había que saber sacar provecho de estas cualidades. Guadalajara, si acaso, fue un claro ejemplo de cómo no se debían usar los carros de combate, pero no parece que los italianos tomasen buena nota de ello. El Coronel Rivolta, no obstante, escribió12: “Nuestros carros no son buenos para romper el frente. Su eficacia depende de la velocidad, de su empleo en masa, y de que actúen con apoyo próximo de la Infantería”.

En Guadalajara se puso de manifiesto que, en algunos casos y dado el sentimiento de inferioridad que se apoderó de los italianos, las tripulaciones de los carros L3 llegaron a desmontar, y a abandonar sus carros, colocándolos a modo de barricada en los cruces de caminos, con el único efecto de que los republicanos los destruían con fuego de cañón. En otras ocasiones también, los pequeños carros L3 se utilizaron como vehículos de municionamiento, llevando municiones a la línea defensiva establecida por la Infantería italiana.

Pero, entre los principales defectos observados -siempre según el Coronel Carlo Rivolta-, destacó la ausencia previa de Bases de Partida para los carros antes del ataque, así como la carencia de zonas designadas para el reabastecimiento de combustible, y para las operaciones de mantenimiento y recuperación que fueran necesarias, aspectos todos ellos que complicaron excesivamente la tarea de los Jefes de carro.

Un problema táctico que se suscitó igualmente fue que los Jefes de los Batallones o Brigadas a los que se agregaban los carros, decidían su empleo casi desde los momentos iniciales. Dado que el radio de acción de éstos no llegaba mucho más allá de los 150 kms, y mucho menos por todo terreno, se reducían apreciablemente sus posibilidades de empleo. El Coronel Rivolta afirmó en su informe citado que estos errores se daban porque “los mandos de Infantería no tuvieron en cuenta ninguna de las reglas ni procedimientos de empleo de los carros de combate que fijaban los manuales de campaña del Ejército italiano”. Además de estos defectos, debidos a falta de experiencia esencialmente, fue común que los carros quedaran bloqueando los caminos y carreteras, y que no cooperaran adecuadamente a nivel Sección o Compañía, no desplegando con las debidas distancias entre carros.

La casi total carencia práctica de armas contracarro eficaces entre las Unidades italianas empeoró la situación. Aunque el CTV disponía de un excelente cañón contracarro, el M-35 de 47 mm denominado “Elefantino”, no se contaba en Guadalajara con suficientes unidades -parece ser que solamente un Sección-, y hubo que recurrir a utilizar, en la medida de lo posible, las piezas de acompañamiento de Artillería de 65 mm.

















La Infantería italiana cerca de Trijueque

No obstante, llegados al establecimiento y cálculo de bajas y pérdidas, las bajas reales italianas no superaron los 1.400 muertos, 4.500 heridos y 500 desaparecidos, 300 de ellos probablemente hechos prisioneros por los republicanos. Ello supuso no obstante, que dos Divisiones italianas fueran declaradas fuera de combate y que debieran ser sustituidas por nuevas Tropas enviadas desde Italia. Por otra parte, el total de carros Fiat L3 perdidos fue de 19 carros solamente, ciertamente una cifra alta sobre el total de 80 carros empleados, pero no significó una pérdida catastrófica, y algunos de ellos pudieron ser recuperados y reparados posteriormente13, ya que solamente 9 fueron declarados como “siniestro total”. La División Soria, de Moscardó, tuvo bajas insignificantes. El frente nacional había experimentado, a pesar de todo, una ganancia media de 12 kms. Ante estas estas cifras cabe preguntarse si Guadalajara fue realmente la tremenda derrota de la que siempre alardea la izquierda.

Las pérdidas republicanas fueron algo mayores, pero similares. Cerca de 2.000 muertos, 4.000 heridos y 400 prisioneros. Sus pérdidas de carros fueron moderadas, solo 8 carros T-26 fuera de combate, de los cuales, cinco de ellos capturados por el Bando nacional, pero cuando se detuvieron las Operaciones, el 22 de marzo, de los 72 carros empeñados en las operaciones por el General Pavlov, solo 9 estaban operativos, debido a averías o a la acción de la Artillería italiana, motivo real, sin duda, por el cual los republicanos se detuvieron y no llevaron a cabo ninguna explotación del éxito. Claro está que este detalle no lo sabían los nacionales, que podrían haber llevado a cabo una contraofensiva en su caso.


Carros T-26 a su paso por Trijueque


Los republicanos habían recibido una gran infusión de material a fines de febrero de 1937, casi 100 carros T-26 nuevos directamente desde Rusia, y resulta curioso que este hecho no hubiera sido tenido en cuenta por el Mando italiano. El éxito republicano fue debido, sin duda, a la presencia de los carros soviéticos, pero las pérdidas globales de éstos, acumuladas tras Guadalajara supusieron casi un 40% del total disponible. En realidad, había resultado una victoria pírrica para la República.

Ciertamente, Guadalajara había sido una derrota para el Bando nacional, y un golpe severo para el prestigio italiano, pero los republicanos habían conseguido poco, aparte de impedir la conquista de Madrid. Su consecuencia más significativa fue que Franco decidió no tomar Madrid, aunque volvería a considerarlo en 1938 pero sin consecuencias, probablemente debido a la acción republicana en el Ebro. Madrid, en cualquier caso, permaneció en manos republicanas hasta el fin de la guerra en abril de 1939.

Los soviéticos no aprendieron mucho en Guadalajara -siempre se ha dicho que solo se aprende con la derrota-, pero quien definitivamente no aprendió nada fue el Ejército nacional. En el Cuartel General de Franco, en Salamanca todavía, se consideraba que había sido un combate entre dos Infanterías, en la que la republicana, como no podía ser menos por considerarla española también, había sido mejor que la Infantería italiana.


Ayuntamiento de Trijueque después de ser bombardeado. Batalla de Guadalajara

Los 1.400 muertos italianos en Guadalajara no murieron por cobardía, o por falta de combatividad. Murieron porque sus mandos no supieron dirigirles y porque el Ejército nacional actuó con una pasividad culpable, cuando menos. La ausencia absoluta de la Aviación nacional durante toda la batalla, no de la italiana que no pudo operar debido al mal tiempo, es difícil de justificar. El que poco más de una semana después de acabadas las operaciones en Guadalajara, el Ejército nacional emprendiese la ofensiva en el norte, prueba que sí tenía capacidad operativa para emprender acciones de gran repercusión, y que la había estado planeando desde hacía ya algún tiempo. Algo podía haber hecho, sin duda, en apoyo de la ofensiva italiana.

Capitán Oreste Fortuna

En Guadalajara resultaría gravemente herido el Capitán Oreste Fortuna, que había sido uno de los primeros Oficiales italianos que llegó a España, en el verano de 1936, y que mandó la primera Compañía de carros L3 que se creó, la famosa compañía de carros “Navalcarnero”. Encuadrado en la División Littorio, el Capitán Fortuna fue herido dos veces en la defensa de Trijueque, negándose a ser evacuado y dirigiendo la maniobra de su Unidad de carros, hasta que el ataque enemigo pudo ser contenido. Repatriado a Italia, para ser curado de sus heridas, fue condecorado con la Medalla de Oro al Valor italiana. Ascendería a Teniente General, falleciendo en plena calle en Roma, de un infarto, ya mucho después de la Guerra Mundial. 

Tras Guadalajara el CTV fue reorganizado y renovado por completo. Casi 3.000 hombres, incluyendo los Generales citados menos Bergonzoli, fueron repatriados a Italia. El Coronel Carlo Rivolta también, a pesar de que no tuvo responsabilidad directa en casi nada, y poco podían hacer sus carros ligeros contra los T-26 soviéticos. En Italia ascendería, más tarde, a General, llegando a mandar la 53ª División de Infantería de Montaña “Arezzo”, que combatió en los frentes de Albania, Grecia y Yugoslavia, entre 1942 y 1943. Esta División fue disuelta en septiembre de 1943, y su General, Carlo Rivolta, desapareció sin dejar rastro. Sería sustituido en España, en abril de 1937, por el Coronel Valentino Babini, que era un verdadero carrista y supo emplear los medios acorazados italianos mucho mejor, a pesar de su inferioridad.

Babini está considerado como uno de los fundadores del Arma acorazada italiana, y permaneció con el CTV, en España, hasta junio de 1939, momento en que regresó a Italia, para hacerse cargo del Mando de una División y partir hacia África del Norte. Tomó parte muy activa en la Campaña del Norte, y en particular en la toma de Bilbao, y en la conquista del Puerto del Escudo, en Santander. Se distinguió especialmente en los combates en el frente de Aragón, y en la penetración que llegó hasta el mar, en Vinaroz, dividiendo en dos a la zona republicana. Igualmente participó en la ofensiva de Cataluña, pero esta vez al mando de la División “Flechas Negras” (“Frecce Nere”), ascendiendo a General de Brigade en febrero de 1939. En junio de 1940 tomó el Mando de todas las Fuerzas acorazadas italianas en África -7 Batallones de L3, todavía, y 2 Batallones de nuevos carros M-11/39 Ansaldo-, constituyendo lo que se llamó “Brigada Acorazada Especial Babini”. No obstante, en la ofensiva británica “Operación Compass”, de noviembre de 1940, esta Brigada fue aniquilada y Babini fue hecho prisionero, no regresando a Italia hasta 1946. En 1949 reingresó en el nuevo Ejército italiano, con el grado de General de División, tomando el mando de la 28ª División de Infantería “Aosta”.


Carro Medio FIAT-Ansaldo M11-39

En abril de 1937, tras visitar el frente, el General británico J.F.C. Fuller publicó una carta en el Times de Londres, en la que decía, entre otras cosas: “…en lo que se refiere al empleo táctico de los carros no he visto nada. Los carros se emplean, por ambos bandos, bien de forma aislada, o distribuidos en frentes muy amplios. El mayor número de carros empleado en un solo ataque ha sido de 15 carros, según me han informado. Por lo tanto, en España no se puede decir que haya habido combates entre unidades mecanizadas”.

En Brunete, y quizás en el frente de Aragón, las cosas cambiaron un poco, aunque no demasiado. Y, efectivamente, las operaciones con carros durante la Guerra Civil no fueron bien realizadas casi nunca. Quizás la única batalla en la que el empleo de los carros fue decisivo fue Guadalajara, pero el Mando nacional no supo verlo. Se achacó la derrota a la incapacidad italiana y tan contentos. Los italianos tampoco aprendieron, o ignoraron, las lecciones. La victoria final en 1939 borró todos los vestigios de Guadalajara.

En La Alcarria quedaron 1.400 cuerpos de jóvenes italianos que dieron su vida por un ideal, junto con 2.000 republicanos, por el mismo motivo. Grandeza y servidumbre de las armas.




Antonio J. Candil Muñoz



10 Esta brigada contaba incluso con un batallón de voluntarios italianos, también, pero comunistas: el Batallón “Garibaldi”.

11 Coronel Carlo Rivolta –al mando del batallón de carros del CTV (Raggruppamento Reparti Specializzati/RRS)— en su informe escrito el 31 de marzo de 1937, a sus superiores. (Archivos del Ejército italiano, SME, Roma).

12 Carristi italiani in Spagna: l'occasione mancata, 31 de marzo de 1937, por Emanuele Cattarossi.

13 Italia acabaría enviando a España un total de 155 carros Fiat L3, de los que aproximadamente 70 sobrevivieron a la campaña, y pasaron a formar parte del nuevo Ejército español, en 1939, manteniéndose en servicio hasta principios de los años 1950.


22/4/17

LA BATALLA DE GUADALAJARA (I)


















Hace 80 años:   
    
Guadalajara, Marzo de 1937  
        

¿Derrota o Empate?


“Combinar carros de combate con Infantería a pié es tan absurdo como unir un tractor a una yunta de bueyes”

General de División, J.F.C., “Boney”, Fuller, Ejército Británico, “Lectures on Field Regulations,” 1929


General John Frederick Charles Fuller

Guadalajara ha pasado a la historia como la gran derrota del Bando nacional en la Guerra Civil, y sobre todo como la gran derrota del fascismo. Algún autor incluso ha comparado Guadalajara con Bailén, considerando que los efectos para la Italia fascista, especialmente para Mussolini, fueron los mismos que para Napoleón, y para Francia. La izquierda, sobre todo a la luz de la llamada “Memoria Histórica”, glorifica Guadalajara como una gran victoria. Creo que todo ello es exagerado, y no coherente con la realidad, por no decir otra cosa.

En primer lugar, y en cierto modo, ambas Batallas sí pueden ser comparables si se considera que ninguna de ellas tuvo influencia decisiva en los respectivos conflictos. Bailén tuvo lugar en 1808, pero Napoleón no se sintió derrotado por ello, y la guerra aún duró seis años más. Guadalajara tuvo lugar en el primer trimestre de 1937, y la guerra aún se prolongaría dos años más, finalizando con la victoria del Bando que, precisamente, había sido derrotado presuntamente en Guadalajara. Cierto es que Mussolini se sintió terriblemente amargado y contrariado, probablemente tanto como Napoleón, pero en Guadalajara, al contrario de lo que sucedió en Bailén, las Tropas italianas no lucharon solas, ni tampoco lucharon contra un Ejército meramente español. Bailén quizás tuvo un efecto galvanizador en la población española para seguir luchando contra el invasor napoleónico. Guadalajara, si tuvo influencia en la resistencia del Bando republicano, fue bastante efímera.

Guadalajara, en cualquier caso, no modificó el resultado de la contienda, ni perjudicó o disminuyó las capacidades del Ejército nacional. Tras la batalla, que vino a durar escasamente dos semanas, ambos Bandos estaban donde estuvieron al principio. No se ganó prácticamente ningún terreno por ninguno de los dos Bandos, y el frente se estabilizó en esos confines, casi durante todo el resto de la guerra. Eso sí, el campo quedó sembrado de cadáveres de ambos contendientes. ¿Derrota o empate? No pretendo desvelar nada nuevo aquí, se ha escrito mucho sobre este asunto y casi todos los archivos están abiertos para los investigadores. Sin embargo, hay que leer y saber interpretarlos. Veamos las circunstancias de lo que ocurrió en las llanuras de La Alcarria, en marzo de 1937, y su desarrollo.

La toma de Málaga, en febrero de 1937, había resultado un gran desastre para los republicanos, y Mussolini[1] vio allí el éxito de las Tropas italianas como un buen augurio, y como el preludio de algo que justificaba el incremento de la ayuda al Bando Nacional y la implicación de Italia en la Guerra Civil española a pesar de haber firmado el Pacto de No-Intervención2. El Mando italiano no supo ver que la fácil y rápida victoria en Málaga era debida, en realidad, a una combinación de buen tiempo, y de falta de experiencia, y medios, por parte de los republicanos, en la guerra móvil, y con medios blindados. Guadalajara no iba a ser igual.

Benito Mussolini

A finales de 1936, y principios de 1937, la atención e interés del Bando nacional se centraba en tomar Madrid. Franco estaba obsesionado con lograr una victoria decisiva que permitiera conquistar la capital, y quizás acabar la guerra o acelerar su final. Esta obsesión llevó a la Batalla del Jarama. Pero la realidad es que la batalla acabó en tablas y ningún bando se sintió conforme con el resultado. Los republicanos constataron que el río Jarama, en sí, no constituía un obstáculo serio, y de hecho el río se podía franquear sin problemas, por casi todos los lugares, en la primavera y en el verano. Para el Bando nacional el resultado fue decepcionante ya que, como mínimo, habían pretendido cortar las comunicaciones con Valencia, y sitiar la capital, y no lograron ninguna de las dos.

Quizás Franco había depositado demasiadas esperanzas, con las escasas Fuerzas disponibles, para un objetivo como Madrid, pero eso no fue el único factor que influyó en el resultado. Los Nacionales lograron avances significativos, pero no lograron romper el frente ni cortar la carretera de Valencia. El apoyo soviético y las recién formadas Brigadas Mixtas del Ejército Popular probaron ser un obstáculo de mayor consistencia de la esperada, y frenaron el avance nacional.


Brigadas Internacionales por la Carretera de Barcelona, camino del frente de Guadalajara Batalla de Guadalajara

Ambos Bandos procedieron a organizar el terreno y fortificar sus posiciones, permaneciendo en un compás de espera casi hasta el final de la guerra. Aunque el Bando republicano celebró la batalla como si hubiera sido una gran victoria sobre el Bando nacional, en realidad la Batalla del Jarama solo había sido una confrontación más sin resultados decisivos, al igual que los combates en torno a Madrid, de noviembre y diciembre de 1936, que solo lograron frenar el avance nacional sobre la capital, pero sin rechazar al adversario ni desalojarlo de las posiciones alcanzadas. Aun así, el esfuerzo realizado había tenido un alto coste, ya que los republicanos tuvieron no menos de 10.000 bajas, contra 6.000 por parte de los nacionales, además de perder casi un 70 % del total de los medios acorazados recibidos hasta entonces. Ciertamente, para los republicanos, el Jarama no había supuesto un buen comienzo del año 1937.

General italiano Mario Roatta

No hubo actuación ninguna de las tropas italianas durante toda la batalla del Jarama. En cambio, tras Málaga, las Fuerzas italianas dedicaron todo ese tiempo a trasladarse desde Andalucía hacia el centro y norte de España, y a reorganizar sus efectivos tras recibir nuevos refuerzos y material de Italia. A finales de febrero de 1937, se puede decir que los efectivos italianos en España alcanzaban ya casi los 50.000 hombres, estructurándose en un Cuerpo de Ejército con cuatro Divisiones más apoyos y una organización Logística, con un total de seis Generales, 20 Coroneles y 172 Oficiales, 33 de ellos del Estado Mayor italiano3. Era lo que se conoce con el nombre de Cuerpo de Tropas Voluntario (CTV). Al mando estaba el General Mario Roatta, procedente de Infantería, que había sido hasta el comienzo de la guerra, en 1936, el jefe del Servicio de Inteligencia Militar italiano (SIM), en Roma. Inicialmente había sido el encargado de canalizar la ayuda italiana a Franco, pero en diciembre de 1936 fue designado por Mussolini para tomar el mando de todas las Tropas destinadas a España. Como su Jefe de Estado Mayor, ejercía el Coronel Emilio Faldella, también de Infantería y también perteneciente a los Servicios de inteligencia, que había sido cónsul de Italia en Barcelona durante 1930 a 1935, y se suponía que conocía bien la idiosincrasia española.

Al mando de la fuerza acorazada del CTV, el llamado Raggruppamento Reparti Specializzati (RRS), estaba el Coronel Carlo Rivolta, igualmente de Infantería. En total, a principios de marzo de 1937, esta fuerza estaba constituida por dos Batallones de carros ligeros Fiat L3 CV33/35, con cuatro Compañías cada uno, y cada Compañía con 10 carros. Una Sección de 4 carros por Compañía venían a ser de la versión lanzallamas L3/LF. En total, el CTV en Guadalajara no disponía más que de 80 u 81 carros ligeros L3, y no las exageradas cifras que han dado algunos autores.























Fiat L3 C.V. 33/35























CV-33/LF en plena acción lanzallamas

Aunque la idea de atacar hacia Madrid, desde Zaragoza, y conquistar la capital, era algo que ya el General Mola había planteado en algún momento, nunca se había podido llevar a cabo por falta de medios. El Mando italiano no quería permanecer ocioso y estaba ansioso por demostrar las capacidades de su moderno Ejército, y realizar algo grandioso. En Roma pensaban que sería posible acabar la guerra a lo largo de 1937, y así Italia podría dedicarse a otros temas como consolidar la situación de Abisinia, y atender los asuntos europeos. Pero parece que fueron los propios Mandos nacionales los que les dieron pié para comenzar el planeamiento de ideas sublimes.

Como la batalla del Jarama no iba muy bien, ya a mediados de febrero, Millán Astray urgió al Coronel Faldella a iniciar operaciones que aliviasen algo la presión republicana en el Jarama. Y también lo hizo el Jefe de Operaciones en el Estado Mayor de Franco, Coronel Antonio Barroso4. Los italianos llegaron a proponer una ofensiva desde Teruel hacia Sagunto, para dividir a la España republicana en dos y llegar al mar, algo que, no obstante, se realizaría en la primavera de 1938, y en lo que las Tropas italianas tendrían un papel predominante, pero que por el momento Franco rechazó tajantemente, aunque sugirió que podría pedirles que atacasen Guadalajara.


General Emilio Mola      


                                    
General José Millán-Astray                                                                         Coronel Antonio Barroso

Ello llevaría a otra propuesta que tampoco agradó demasiado a Franco, y aunque aceptó a regañadientes, dejó bien claro a los italianos que el nuevo plan no coincidía con sus ideas. Faldella proponía que el CTV fuese la parte norte de una pinza que, coincidiendo con otra que partiese del sur, se unieran en Alcalá de Henares, cerrando el cerco a Madrid. Franco casi amonestó a Faldella, reprochándole el papel predominante que los italianos querían tener, pero Faldella tenía órdenes estrictas de Mussolini de llevar a cabo una acción decisiva que pudiera llevar a acabar pronto la guerra, y estaba convencido de que su plan era lo más conveniente5.

Roatta, por otra parte, sabedor de que los combates en el Jarama se habían detenido, informó a Roma de que la única esperanza de lanzar una ofensiva contra los republicanos residía en el CTV. Los contactos entre el Mando italiano y el Cuartel General de Franco, en Salamanca, se tornaron algo tensos, llegando a un punto álgido cuando un enviado especial de Mussolini, el dirigente fascista Roberto Farinacci llegó, incluso a transmitir a Franco un mensaje del Duce, en el que le proponía que, de tener éxito la ofensiva, y acabarse la guerra, le sugería restaurar la Monarquía en la figura del italiano Duque de Aosta, un nieto del que había sido Rey de España, Amadeo de Saboya, también italiano. Podemos imaginarnos la reacción interior de Franco. Estaba claro que Mussolini no conocía al gallego. Es muy probable que desde ese mismo momento ya, Franco se decidiese a hacer todo lo posible para que la ofensiva italiana fracasase, incluso a costa de lo que ello pudiera significar para el objetivo de la guerra y el futuro de sus planes.

La idea de maniobra del Mando italiano era penetrar rápidamente en el dispositivo enemigo, a lo largo del eje Zaragoza-Madrid, para alcanzar Guadalajara, y en una fase posterior enlazar con las fuerzas nacionales procedentes del Jarama, cortando así las comunicaciones con el resto de la zona republicana, y cercando Madrid. El objetivo último era, naturalmente, obligar a la República a aceptar la rendición, y poner fin a la guerra.


Grupo de carros Ansaldo L3 C.V. 33 formados para revista

En principio, como plan, era una buena idea, y como ya se ha dicho, era algo que Mola había contemplado ya antes. Pero, hoy, en retrospectiva, no veo tan claro que el Bando republicano hubiese aceptado rendirse sin más. El Gobierno ya se había trasladado a Valencia, desde principios de noviembre de 1936, y todo el territorio que quedaba en manos republicanas era aún demasiado grande como para aceptar un final. Ciertamente la caída de Madrid habría supuesto un descalabro mayúsculo, pero quizás no el fin de todo. Por otra parte, no parece que ni Franco ni Mola estuviesen decididos a llegar a una situación que pudiera conllevar, no ya a la rendición de la República, sino a un armisticio, impulsado por las potencias extranjeras, que dejase libre a la otra España. Y mucho menos, tampoco, deseaban que el enemigo, con el tiempo, pudiera recomponerse y resurgir. Mola, y Franco, creían firmemente en la derrota total del adversario, y en la rendición incondicional, aplastando totalmente al enemigo de modo que nunca más pudiera levantarse.

No imaginaban que cuarenta años después, ese enemigo iba a resurgir, y a transformar la historia, auspiciado precisamente por aquellos a quienes Franco creyó que les dejaba todo “atado y bien atado”. Desafortunadamente, dado que Mola murió en accidente de aviación en junio de 1937, no sabemos su opinión real sobre Guadalajara y lo que allí sucedió, aunque parece que no le gustó nada que el CTV se relacionase directamente con Franco para esta ofensiva y no con él, que tenía el mando en la mitad norte de España. Tampoco Franco se manifestó nunca en detalle sobre Guadalajara, al margen de restarle importancia.

Independientemente, Franco tampoco deseaba una victoria italiana completa, y que Italia sobresaliese. Franco aceptaba la ayuda italiana, y la alemana, pero quería que la victoria fuese alcanzada por los propios españoles. Lo último que le habría gustado ver hubiera sido precisamente, ver a las Tropas italianas entrando victoriosas en Madrid, y quedar en deuda permanente con Mussolini. Un orgullo ingrato, sin duda, y del que también pecaba el propio Mussolini, que dio abundantes pruebas de ello en la contienda mundial posterior, con respecto a los alemanes. No obstante, hay que reconocer, y está claro hoy, que sin la ayuda italiana, la victoria nacional quizás no habría tenido lugar.


Avance de los carros italianos durante la ofensiva del CTV 
(Bundesarchiv)


El concepto general de la Operación diseñado por los italianos, contemplaba ejercer el esfuerzo principal a lo largo de la carretera general de Zaragoza hacia Guadalajara y Madrid, mediante un avance según tres ejes de progresión, en dirección sudoeste desde Sigüenza y el sur de Zaragoza. El General Roatta estableció su Puesto de Mando principal en Arcos de Jalón, y un Puesto de Mando avanzado en Algora. Las Fuerzas participantes en la acción eran las cuatro Divisiones de Infantería6 motorizada que integraban el CTV, más la agrupación de carros de combate (RRS), y toda la artillería disponible. Una de estas divisiones era la División de Infantería Littorio7, la única División perteneciente al Ejército regular italiano (Regio Esercito) -las otras eran Divisiones compuestas por voluntarios de la milicia fascista-, al mando del General Annibale Bergonzoli8, que había combatido en la campaña de Etiopía, bajo las órdenes del Mariscal Rodolfo Graziani. Todo ello hacía un total de 35.000 hombres, con 80 carros de combate ligeros9.


Mariscal Rodolfo Graziani


General Annibale Bergonzoli                                                Emblema metálico para brazo División Littorio


Las Divisiones italianas estaban ampliamente motorizadas, y las tres Divisiones de Camisas Negras, contaban cada una con 200 camiones, mientras que la cuarta, la Littorio, disponía de unos 400; además, a nivel del Cuerpo de Ejército contaban con 1.400 camiones más. Como apoyo aéreo contaban con aproximadamente entre 50 y 60 aviones de combate, todos italianos, que desplegaban en los aeródromos de Soria y Almazán, y no se descartaba tener algún apoyo más, por parte de la Aviación nacional y de la Legión Cóndor alemana. Además, y al flanco Oeste, desplegaba la División Soria, del Ejército nacional, al mando del General José Moscardó -el héroe de El Alcázar-, con unos 15.000 hombres, pero sin casi ningún vehículo. En total, 50.000 hombres, aproximadamente.


Soldados italianos en la carretera Nacional II totalmente colapsada de vehículos

(Bundesarchiv)

Todo estaba muy bien sobre el papel, aunque lo que no quedaba muy claro era el grado de compromiso que Franco fijaba para las Fuerzas españolas, del Ejército nacional. Así, Franco le había comunicado a Roatta, ya el 5 de marzo, que el ataque de las Fuerzas nacionales en el Jarama, que mandaría el General Orgaz, dependería del “grado de resistencia que ofreciese el adversario”, y además, sin fijar ninguna fecha o momento. De modo parecido, las órdenes dadas al General Moscardó, establecían que “en ningún momento, debía adelantarse a los italianos”, algo que nunca habría podido hacer dada su falta de vehículos, pero obviamente limitando su libertad de acción. Sin duda, era la venganza del gallego, y si Roatta hubiera sabido leer entre líneas se habría dado cuenta de que Franco le cargaba con toda la responsabilidad y el peso de la Operación, y que no debía esperar apoyo alguno. No se sabe que interpretación dio Roatta a la comunicación de Franco, pero quizás si hubiera sabido que desde el Jarama no se iba a efectuar ningún movimiento, habría suspendido la operación probablemente.

El General José Moscardó al acabar la guerra


Para los amantes de la historia militar, reproduzco aquí la idea de maniobra para la operación, tal como la escribió el General Roatta:

“Es mi intención proceder rápidamente, por el camino más corto, y en el mínimo tiempo posible, hacia el punto en que deberemos dar la batalla a la Fuerza principal del adversario, Guadalajara, desde el cual podremos maniobrar mejor contra él. Esta idea de maniobra se materializará mediante la ruptura rápida y violenta de la defensa enemiga a lo largo de la línea Sigüenza-Guadalajara, que será seguida del avance de las fuerzas motorizadas hacia Guadalajara”.

El concepto de la Operación concebida por el Mando italiano contemplaba una concentración de Fuerzas sobre un frente reducido, seguida de una ruptura del frente, para, utilizando su movilidad, rebasar al enemigo, desconcertar su dirección y capacidad de Mando, e impedir la actuación de sus Reservas. En un momento dado se llevaría a cabo un paso de escalón, adelantándose fuerzas más frescas, que no habían tomado parte en la ruptura del frente, y que avanzarían en profundidad en el despliegue enemigo, para alcanzar una línea, sobre Guadalajara ya, desde la que, en coordinación con las Fuerzas nacionales en el frente del Jarama, se efectuaría el ataque final sobre Madrid. Era ciertamente brillante, y era la aplicación del concepto de la “Guerra Celere”, que los italianos habían aplicado en Abisinia. Pero Guadalajara, como ya se ha dicho, no era Abisinia.


General José Miaja

Ya el día 7, el Mando republicano intuía que se estaba preparando algo serio cuyo objetivo tenía que ser Madrid, y el General José Miaja Menant, jefe del llamado Ejército del Centro, solicitó que se destacase una Compañía de carros T-26 a la zona de Torija, en prevención de un ataque que pudiera venir desde La Alcarria.


Los T-26 fueron los primeros carros de combate que dispusieron de una emisora de radio




Antonio J. Candil Muñoz


[1] Beevor, Antony.The Battle for Spain.The Spanish Civil War 1936-1939, Penguin Books. London. 2006. pp.216-220.

2 La No-Intervención era una iniciativa diplomática conjunta de los gobiernos de Francia y Gran Bretaña. Formaba parte de una política de apaciguamiento destinada a evitar una escalada en la guerra -dada la implicación de Italia y Alemania apoyando a los Nacionales, de una parte, y de la Unión Soviética, apoyando a la República, de otra- que pudiera derivar en un conflicto mayor que afectase a toda Europa.

3 Italian Intervention in the Spanish Civil War, John Coverdale, p.212. Princeton University Press, 1975.

4 Italian Intervention in the Spanish Civil War, John Coverdale, p.218. Princeton University Press, 1975. Barroso llegaría a ser Ministro del Ejército en 1962.

5 Veinte Meses de Guerra en España, Emilio Faldella.

6 Estas divisiones eran las tres divisiones de Camisas Negras: Primera División, al mando del General Rossi, “Dio lo Vuole”, Segunda División, al mando del General Coppi, “ Fiamme Nere”, y Tercera División, al mando del General Nuvoloni, “ Penne Nere”, compuestas todas por voluntarios de la milicia fascista. La cuarta división era la División Littorio.

7 La División Littorio se distinguiría especialmente luego, en el Norte de África, como la 133 División Acorazada Littorio, a las órdenes de Rommel, aunque fue aniquilada por el Octavo Ejército británico, en noviembre de 1942, en El Alamein. 

8 El General Annibale Bergonzoli, llamado “Barba Eléctrica” ("Barba elettrica"), llevaría a cabo la defensa de Bardia, en Libia, en 1940, cuando tuvo lugar la Operación “Compass”, dirigida por el General británico Sir Richard O’Connor. Los ingleses conquistaron Bardia, y Bergonzoli realizó una hábil retirada hasta que en febrero de 1941, derrotado en Beda Fomm, se rindió a las tropas australianas. Estuvo prisionero en la India y en los Estados Unidos, hasta que fue repatriado a Italia, después de la guerra. Falleció en 1973.

9 Las divisiones italianas eran algo más reducidas que las españolas y tenían, como media, unos 7.000 hombres, pero estaban casi totalmente motorizadas.